jueves, mayo 30, 2024

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“MÁQUINAS DE GUERRA”

El autoritarismo siempre se ha valido de la misma excusa para justificar el uso desproporcionado de la fuerza como la receta del heroísmo: existe un peligroso enemigo para “los ciudadanos de bien” que hay que enfrentar con medidas de vigilancia y castigo extraordinarias.

En la época de la inquisición ese enemigo fueron las brujas y desde la modernidad hacia acá es cualquier grupo determinado de ciudadanos a los que se suele catalogar como delincuentes peligrosos.

La idea de un enemigo es necesaria para el gobernante autoritario. Sin él su proyecto se desvanece y por eso necesita construirlo y convencer a la gente de su existencia.

Separar a la sociedad entre “los peligrosos” y “las personas de bien” es absurdo porque esa frontera, al igual que las brujas, no existe.

Los delitos no son asunto exclusivo de un grupo específico de personas porque el conflicto es inherente a la vida en sociedad y todo el mundo comete delitos a diario, sólo que apenas algunos son investigados y creemos que los delitos verdaderamente importantes son los que hacen ciertas personas que se pueden fácilmente señalar y excluir.

El sistema penal tiene su clientela predilecta: jóvenes, pobres, iletrados y autores de delitos callejeros. No en vano, y según cifras del INPEC, el 60% de las personas privadas de la libertad tienen menos de 40 años, el 80% son de los estratos 1 y 2, el 3% lograron ser profesionales, y el 70% de los delitos atribuidos son hurtos, portes de armas, tráfico de estupefacientes y concierto para delinquir.

Una sociedad, como la nuestra, persigue con mayor prioridad los delitos callejeros que otros mucho más graves porque nuestra capacidad de alarma se suele activar en ese escaso nivel de problemática pública.

Los medios de comunicación y los gobernantes sacan rédito con mucha facilidad de todo lo que puede salir en un video callejero porque hace brotar automáticamente la idea de que algo está muy mal y debe ser corregido inmediatamente porque el próximo podría ser cualquiera de nosotros.

Mientras nos preocupamos por los portes de armas, hurtos callejeros y el tráfico de drogas, en un mundo de más alcurnia se están ejecutando peculados multimillonarios y hasta ordenando la muerte de testigos en casos importantes de corrupción.

Lo peor de todo es que al tiempo que creemos que el mundo comienza y termina con el raponazo de la esquina, hay una élite de criminales de cuello blanco que se encarga de hacer que el futuro de muchas personas sea igual o peor que dicho problema.

Esos criminales de cuello blanco no van a la cárcel por la sencilla razón que la cárcel no fue inventada para ellos. El sistema tiene todas las salidas posibles a su medida: la investigación judicial de esos delitos no se hace, no se prioriza o es precaria y de poca o nula calidad, y sus autores tienen el dinero suficiente para contratar mejores peritos forenses que los que tiene la fiscalía.

Ese desequilibrio es una manifestación palpable de la construcción artificiosa que hace la sociedad del enemigo: los de bien somos los que no resultamos involucrados en esos delitos callejeros y los peligrosos son los que no nos dejan salir a la calle, o a nuestras fincas, tranquilos.

A muchos les sirve esa clásica receta: a la ciudadanía hipócrita que se cree de mejor estatus porque no vende marihuana en la calle, a los medios de comunicación que logran audiencia con la imposición de agenda sensacionalista de seguridad y a los políticos que venden las soluciones de siempre que nunca han servido.

Las brujas de esta semana fueron los venezolanos repartidores de domicilios en motocicleta. Es tan poderosa la atracción de la figura del enemigo que hasta los denominados alcaldes alternativos caen en la tentación.

Daniel Quintero abrió la cancha a las pocas semanas de posesionado cuando a partir de la idea del peligrosísimo encapuchado con explosivos metió al ESMAD en la Universidad de Antioquia, y al paso que va Claudia López, no va a estar muy lejos del ministro de defensa que se terminó inventando el más nauseabundo de los enemigos: “las máquinas de guerra”.

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LUIS MAURICIO URQUIJO TEJADA
Abogado penalista, docente universitario y conferencista en temas relacionados con la criminología.