sábado, mayo 18, 2024

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LA PROPAGANDA DEL GOBIERNO

Nada más peligroso que los aduladores. Lo dijo incluso Nicolás Maquiavelo en “El Príncipe”. Los aduladores son esos incapaces de pensar por sí mismos que apelan a la zalamería para mantener una posición cómoda bajo la sombra de un poderoso, al precio de permitir la mediocridad del poderoso y el correspondiente desatino del ejercicio de su poder.

Cuando se trata del poder público el asunto es peor. Los aduladores que se cuelan por las amplias grietas que permiten la incompetencia en el servicio público no solamente parasitan de alguna rosca indeseable, sino que impiden el ejercicio del control, que es quizás lo más importante que se pueda hacer frente al poder político.

La más destacable importancia de la prensa se basa en su función de control al poder, pues de la publicidad se puede encargar cualquiera que pueda usar algún medio adecuado para la difusión de información que interesa al poderoso.

La prensa independiente (aquella que no es controlada por el poder político) tendrá suficiente libertad para seleccionar la información útil que proviene de las burocracias gubernamentales. Incluso, las entidades públicas tienen canales de comunicación oficiales (diarios oficiales y gacetas de normas) para la difusión de aquella información que deba ser conocida por la ciudadanía sin que medie la decisión editorial de los noticieros.

Es por lo anterior que una democracia puede perfectamente mantenerse sin alteración relevante cuando no existe prensa gobiernista, pero no cuando carece de prensa incómoda al poder, pues la corrupción jamás se publica en los diarios oficiales ni en las gacetas normativas.

Cuando el gobernante decide apelar a los aduladores para que controlen políticamente la prensa lo que está decidiendo es favorecer la corrupción. El mal ejemplo de Telemedellín cuyo gerente dirige bajo la lógica de “hacer caso al alcalde” constituye más que inmoralidad, pues con recursos públicos pagamos una nómina de aduladores dedicados a la propaganda oficial.

En la esfera privada estos riesgos también proliferan y podrían ser peores, cuando, por ejemplo, al poder político y a la prensa los controla el mismo poder económico. Los cada vez más visibles empresarios Gilinski controlan al mismo tiempo buena parte de la agenda del Presidente de la República y al medio de información de carácter nacional que logró los sitiales más destacados de relevancia periodística, generando con ello la notoriamente penosa claudicación del escrutinio al poder que enhorabuena parece que llegó a proponer la Revista Cambio.

Pero volvamos a Medellín, donde la “fórmula Gilinski” por poco se aplica de nuevo. El poder económico de estos empresarios ya tiene control sobre el gobierno local, al punto que el alcalde Quintero ha sacrificado buena parte de su futuro en la esfera electoral por fungir como instrumento para la demonización de un sector del empresariado que obstaculiza la expansión de los Gilinski.

Pero no contentos con ello, hace poco se supo que estuvieron a punto de tomar control del diario El Colombiano, que para fortuna de la democracia local viene ejerciendo un papel crucial en la denuncia de la corrupción de la administración municipal, ávida de prensa obediente como el gerente del canal local de televisión.

El interés público de los ciudadanos de Medellín está bajo una toma hostil interesada en la captura de poderes económicos y políticos, dentro de la que resulta necesario que El Colombiano se convierta en una Revista Semana como paso estratégico para que el observación al poder se convierta en la propaganda del gobierno.

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LUIS MAURICIO URQUIJO TEJADA
Abogado penalista, docente universitario y conferencista en temas relacionados con la criminología.