En cuestión de horas, Colombia pasó de marchas con discursos de soberanía y episodios como la quema de símbolos de Estados Unidos a celebrar que Donald Trump confirmó una reunión en con Petro en el Salón Oval. La escena, amplificada por un fotógrafo del New York Times, abrió un nuevo capítulo diplomático y un debate encendido sobre coherencia política del gobierno progresista.
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La noticia se conoció anoche cuando Trump confirmó que habló con Petro, además de los arreglos para que el presidente colombiano viaje a Washington con el fin de reunirse próximamente en la Casa Blanca.
El anuncio se conoció en medio de una relación marcada por tensión, acusaciones cruzadas y choques recientes por la agenda de narcotráfico y la crisis regional.
Petro encabezó ayer una concentración en la Plaza de Bolívar, convocada como demostración de respaldo y defensa de la soberanía tras las amenazas de Trump.
Las movilizaciones también se replicaron en otras ciudades. En Medellín, por ejemplo, se reportó la quema de una bandera estadounidense y también un cartel con el rostro de Trump, hechos que fueron rechazados por el alcalde Federico Gutiérrez.
La imagen que terminó de darle tono “surreal” al episodio llegó desde Washington, una nota escrita que un asistente le pasó a Trump y que quedó captada por el fotógrafo Doug Mills del New York Times.
El mensaje decía: “El presidente de Colombia Gustavo Petro lo está llamando”.
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Con ese telón de fondo, en redes sociales se movió una narrativa de contradicción.
En los últimos años, la izquierda ha usado calificativos muy duros contra Trump, mientras que ahora celebraban el giro diplomático. Anteriormente Petro calificó a Trump de genocida por su postura frente a Gaza, y, aun así, terminó hablando con el gringo y abriendo la puerta para un encuentro presencial.
En la Plaza de Bolívar, Petro concentró parte de sus ataques hacia la derecha oposición colombiana, sostuvo que sectores políticos locales “engañaron” a Trump y lo hicieron creer que él era un narcotraficante, además que presentó la llamada como un paso para bajar tensiones y reabrir canales directos.
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Sobre lo que hablaron, las versiones coinciden en lo esencial, narcotráfico, seguridad y contexto regional.
El embajador Daniel García Peña sostuvo que el diálogo entre el águila dorada y el cachorro de jaguar duró cerca de una hora y que el tema central fue la lucha contra el narcotráfico y el crimen transnacional.
Las implicaciones diplomáticas son claras debido a que otros temas en discusión serán la cancelación de la visa de Petro y su familia, además de la inclusión en la lista Clinton.
La lectura política tiene proporciones mayores. Petro ganó oxígeno al mostrarse como un mandatario capaz de “desactivar” una crisis y sentarse con un adversario ideológico, mientras la oposición busca fijar la idea de incoherencia entre el tono de las marchas y el aplauso a la invitación al Salón Oval.
Por ahora, el dato verificable es el movimiento diplomático y la expectativa por la reunión, lo demás, la “voltereta”, el costo político o el rédito electoral está en disputa y por verse cuando Washington ponga fecha para el encuentro.



