La decisión del exsenador Nicolás Pérez de abandonar la campaña presidencial de Paloma Valencia para sumarse a Abelardo de la Espriella evidencia una profunda fractura interna. Su salida expone graves errores de conducción, un discurso desenfocado y el choque de egos en un proyecto que prometía liderar la contienda política del país.
Nicolás Pérez no era un aliado cualquiera. Como exsenador del Centro Democrático y gerente nacional de la campaña de Paloma Valencia desde el «minuto cero», fue una pieza clave en el ascenso de la candidata.
Trabajó con convicción para lograr la nominación de su partido y coronarla como la mujer más votada en la historia de las consultas políticas del país, creyendo firmemente en un proyecto basado en la seguridad, la autoridad y las oportunidades. Sin embargo, el compromiso se quiebra cuando el rumbo se extravía.
La ruptura definitiva se produjo por fallas estructurales desde adentro, lo que constituye el primer gran error de la campaña de Valencia.
Según el propio Pérez, con el paso de las semanas surgieron “profundas diferencias sobre la conducción de la campaña”, alterando tanto las prioridades como la estrategia original.
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Estas disputas terminaron por destruir todo el capital político que ambos habían construido con esfuerzo, demostrando que un equipo incapaz de mantener su brújula interna está condenado a la deserción de sus propios líderes.
El segundo y más grave error de la campaña fue perder de vista al verdadero adversario político.
En una frase que resume su descontento, Pérez sostuvo: “Quien se equivoca de enemigo se equivoca de discurso”.
El equipo de Paloma Valencia pareció olvidar que la amenaza principal no está en las disputas internas, sino en un “proyecto continuista” que mantiene a más del 60% del territorio colombiano bajo el control de grupos criminales. Desviar la atención de este problema central dejó a la senadora sin un mensaje contundente frente al electorado.
Ante este vacío de liderazgo y coherencia, la figura de Abelardo De La Espriella emergió como la alternativa lógica para Pérez.
El exgerente encontró en Abelardo precisamente lo que la campaña de Valencia había perdido, capacidad de generar un “movimiento ciudadano auténtico, apasionado y genuino”.
Hoy, De La Espriella se perfila ante sus ojos como la única figura con la fuerza necesaria para derrotar el modelo de izquierda de Iván Cepeda.
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Otro error imperdonable que precipitó la crisis, y que Pérez critica de manera fulminante, fue la incapacidad de controlar las ambiciones personales dentro del equipo de Valencia.
Su afirmación de que “la grandeza empieza cuando los egos se hacen a un lado” es un dardo directo a la soberbia que suele asfixiar los proyectos políticos.
Con esta reflexión, deja claro que el entorno de la senadora se dejó consumir por los intereses individuales, olvidando que este es “el momento de Colombia” y no el espacio para vanidades.
La salida de Nicolás Pérez es mucho más que un cambio de bando es un llamado de atención urgente. Su invitación a la unidad y al respaldo masivo hacia la candidatura de “El Tigre” deja una lección incuestionable, pues “sin unidad no hay triunfo”.
Si la campaña de Paloma Valencia no hace autocrítica profunda sobre sus desaciertos y su desenfoque, corre el grave riesgo de diluirse frente a un país que hoy exige, en palabras del exsenador, “extrema coherencia” para no caer en un estado fallido.
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— Nicolás Pérez Vásquez (@nperezvasquez) May 29, 2026


