LA MINGA DE LA VICTORIA: EL ULTIMÁTUM DE ALEX LÓPEZ PARA GANAR EN PRIMERA VUELTA «SÍ O SÍ»

El reciente discurso del senador Alexander López en el Cauca encendió las alarmas sobre el tono de la campaña presidencial. Al declarar «La minga permanente» y la necesidad imperiosa de ganar en primera vuelta para evitar ser «fregados», se plantea una preocupante disyuntiva entre la movilización social legítima y la presión política extrema.

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El escenario no podía ser más simbólico. En las selvas del Cauca, bastión histórico de la lucha indígena, el senador Alexander López, en compañía de su candidata vicepresidencial Aída Quilcué, lanzó una consigna que trascendió del simple entusiasmo proselitista al grito herido del desespero y la urgencia existencial.

Sus palabras no sólo buscan movilizar votos, sino que revelan, además, la narrativa de «todo o nada» que sitúa la contienda del domingo 31 de mayo de la presente anualidad como el límite final para su proyecto político.

La premisa central de López es clara y para muchos inquietante. La victoria en primera vuelta es una obligación matemática y política, no una opción.

Según el senador, el proyecto de la “Revolución Ciudadana” no sobreviviría a una segunda vuelta en la que asegura los van a “joder” y tratarán de “desmontar” su propuesta.

Esta afirmación revela una profunda desconfianza en la capacidad de su coalición para generar consensos más amplios fuera de su base radicalizada.

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El progresismo se equivocó con la escogencia de Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda porque en vez de sumar votos y estrategia lo que hicieron que hacer una fiesta con los mismos en su propia casa.

Por el contrario, Paloma y Abelardo, la derecha, le están vendiendo el alma a Dios y al Diablo con tal de sumar los votos de los indecisos que hacen parte de la franja del centro con el fin de fortalecer sus proyectos electorales.

El progresismo al vincular “La Minga”, una figura de resistencia y trabajo colectivo indígena, con la “chiva de la Revolución Ciudadana”, López está politizando un símbolo ancestral para ponerlo al servicio de la maquinaria electoral que sostiene Petro con el presupuesto nacional.

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La “Minga permanente” que propone no suena a diálogo sino a una movilización constante que “le dará la vuelta a este país las veces que sea necesario” hasta asegurar el triunfo de su fórmula presidencial.

López posiciona a Iván Cepeda como el candidato presidencial y a Aída Quilcué como la pieza clave en la vicepresidencia, presentándolos como los rostros de una lucha que no admite descanso.

La fórmula, unida a la memoria del actual presidente Gustavo Petro, sugiere una estrategia de poder que busca consolidarse mediante la presencia masiva en las calles y en el territorio.

La retórica de “no dormir” y “no descansar” durante los setenta y tantos días restantes antes de la elección, destila una intensidad que raya en lo combativo.

El senador hizo un llamado a la resistencia física y espiritual de sus seguidores, instándolos a “refrescarse” con lo que sea necesario para mantener la vigilancia y la acción en esta Minga por la “patria, la vida y la tierra”.

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Históricamente “La Minga” ha sido utilizada para presionar al gobierno central mediante bloqueos en vías como La Panamericana en el sur del país.

El temor que se percibe en sectores de la opinión pública no es infundado, la promesa de “darle la vuelta al país” ha sido interpretada como un aviso velado de posibles bloqueos y parálisis urbana similares a los vividos en el estallido social de 2019.

Cuando la política se traslada de las urnas a la presión constante en las vías, la línea entre la manifestación ciudadana y la violencia contra el electorado se vuelve peligrosamente delgada.

La insistencia en ganar “sí o sí” en primera vuelta para evitar que el proyecto sea “tumbado” en una instancia posterior plantea una visión de la democracia bastante restrictiva.

Parece sugerir que las reglas del juego sólo son válidas mientras favorezcan el triunfo inmediato porque, cualquier mecanismo para segunda vuelta, es visto como una trampa orquestada por los enemigos que buscan frustrar el sueño del cambio.

El discurso del senador López en el Cauca es un recordatorio de que la polarización en el país está alcanzando los grados máximos de ebullición.

El uso de “La Minga” como herramienta de campaña electoral permanente obliga a preguntarnos si estamos ante una primavera democrática o ante la antesala de un nuevo periodo de inestabilidad.

La respuesta se definirá no sólo el 31 de mayo, sino en la manera en que estos líderes decidan, efectivamente, “darle la vuelta” con un camión cargado de indios.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.