En una transmisión para las plataformas digitales, el creador de contenido Westcol llevó a su audiencia juvenil hasta la intimidad de la finca del expresidente Álvaro Uribe. Entre anécdotas campestres, ponis y tragos de aguardiente, el exmandatario aprovechó un formato sin filtros para defender su controvertido legado, lanzar críticas al gobierno de turno y desplegar una estrategia de seducción política hacia una generación que busca respuestas.
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La visita de Westcol a Uribe representó un encuentro generacional fascinante en el que la política tradicional demostró haber entendido que su supervivencia depende de conquistar los espacios digitales.
Desde la llegada a la residencia del expresidente, quedó claro que no se trataba de una entrevista periodística incisiva, sino de una charla diseñada para humanizar a una de las figuras que más polarizan en Colombia: Uribe.
Rodeado de animales, presumiendo sus ponis de colores y compartiendo anécdotas sobre los regalos que recibió durante la presidencia, Uribe logró proyectar la imagen de un abuelo sabio y jovial.
Esta atmósfera de camaradería fue facilitada por Westcol, quien desde el principio reconoció su inexperiencia política, permitiendo que el diálogo fluyera de manera empática y resaltara la “buena energía” del lugar.
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Sin embargo, detrás de las risas y la hospitalidad, el exmandatario desplegó su conocido arsenal discursivo para blindar su política de Seguridad Democrática ante las dudas históricas de los jóvenes.
Al ser cuestionado directamente sobre los “falsos positivos”, Uribe mantuvo su narrativa de siempre, reconoció con dolor que existieron violaciones a los derechos humanos, pero negó tajantemente haber incentivado delitos, asegurando que siempre actuó con severidad al destituir a decenas de altos mandos implicados.
Fiel a su estilo, desestimó las abultadas cifras de la JEP y se presentó como víctima de un sesgo y mentiras de sus contradictores, argumentando que sus tácticas lograron una innegable reducción en los homicidios y secuestros que desangraban al país.
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Igualmente, Uribe aprovechó la vitrina para lanzar dardos punzantes contra el gobierno de Petro, acusándolo de querer instaurar un poder absoluto al estilo chavista, de destruir el sistema de salud y de generar un clima de incertidumbre económica que ahuyenta la inversión.
Como antídoto frente a este panorama, perfiló de manera reiterada a la senadora Paloma Valencia como la líder ideal y “transparente”, prometiendo que ella rescataría la seguridad y conectaría con la juventud mediante el fomento de la educación tecnológica y el apoyo a las madres cabeza de familia.
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El encuentro, fue un pragmático ejercicio de marketing político dirigido a capitalizar la frustración y el miedo de quienes ven peligrar el futuro económico del país.
El peculiar cara a cara evidenció que, aunque los jóvenes aparenten estar desconectados de la política, las decisiones del Estado han dejado profundas huellas en su realidad.
Así quedó demostrado cuando el mismo Westcol confesó haber vendido su primer voto por $50.000 pesos ante la cruda necesidad económica o cuando recordó con profunda gratitud el subsidio de “Familias en Acción” que literalmente le dio de comer y le permitió conseguir sus primeros zapatos para trabajar.
Mientras las nuevas generaciones exigen oportunidades reales de emprendimiento y temen tener que abandonar sus ciudades, la clase política ha encontrado en el streaming su nueva plaza pública.
Queda por ver si una charla amena será suficiente para convencer a una juventud que, tarde o temprano, exigirá acciones concretas antes de depositar su voto.



