ARROGANCIA EN CAMPAÑA: ABELARDO DE LA ESPRIELLA, LA ÉTICA Y SU GUERRA CONTRA LA PRENSA

El candidato presidencial Abelardo De La Espriella confunde la pedagogía con la pedantería al intentar explicar su visión sobre la ética y el derecho. Su postura displicente y agresiva frente al cuestionamiento periodístico demuestra que la soberbia es una mala estrategia electoral que, lejos de persuadir, ahuyenta a los votantes.

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El candidato presidencial Abelardo De La Espriella retomó su polémica afirmación respecto a que la ética no guarda relación con el derecho.

Su argumento se escuda en una defensa teórica y filosófica, explicando que la evolución jurídica consistió en separar las creencias morales y éticas del conjunto de normas que regulan la sociedad.

El candidato intenta aclarar que esto no significa que un profesional del derecho deba carecer de ética al ejercer su labor, el problema central de su discurso tiene nada que ver con lo jurídico, sino con la agresividad con la que transmite su mensaje al electorado.

En lugar de aprovechar el espacio para aclarar sus posturas con la altura democrática que exige su aspiración, De La Espriella opta por el ataque personal y la descalificación del mensajero, del notario, del periodista.

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Cuando la periodista indagó legítimamente sobre su ética para un eventual gobierno, el candidato reaccionó a la defensiva, tachando la pregunta de tener “veneno” y acusando a la comunicadora de actuar desde la “mala fe”.

Lejos de mostrar compostura, recurrió al insulto velado con frases como “la ignorancia es atrevida”, menospreciando a la periodista por carecer de formación sobre derecho y filosofía.

Esta actitud beligerante desconoce una realidad fundamental que la misma entrevistadora tuvo que recordarle, un presidente no gobierna solamente para los abogados, sino para todo el pueblo.

Un candidato no puede justificar su hostilidad escudándose en que antes era un litigante privado o en su decisión de no ser “políticamente correcto”.

La ciudadanía exige respuestas claras y transparentes frente a un tema tan sensible como la ética en el poder, no un trato humillante y soberbio hacia quienes ejercen el necesario escrutinio periodístico.

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El grado de animadversión de Abelardo De La Espriella hacia la prensa llega a tal punto que no duda en utilizar situaciones internas de los medios como arma, como, por ejemplo, mencionar unos “ los supuestos acosos sexuales en Caracol” para ilustrar de forma brusca su punto sobre la frontera entre lo inmoral y lo ilegal.

Sumado a esto, califica a otras periodistas de “malintencionadas” por cuestionar a sus antiguos clientes, lo que evidencia un patrón de menosprecio constante hacia el oficio periodístico.

Atacar la profundidad y los argumentos de la prensa de esta manera revela una estrategia que busca invalidar el debate en lugar de fomentarlo.

En la política, las formas importan tanto como el fondo y el desprecio público hacia el periodismo es un error garrafal.

Atacar a comunicadores de manera displicente por hacer las preguntas difíciles es una práctica que no debe permitirse en quien aspira a dirigir una nación.

Tratar a los críticos con arrogancia y prepotencia no demuestra carácter, sino una profunda intolerancia que, al final del día, genera rechazo, resta simpatías y quita valiosos votos en las urnas.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.