EL DILEMA DE CLAUDIA CARRASQUILLA: ENTRE LA SEGURIDAD NACIONAL Y EL SUEÑO DE LA ALCALDÍA

La concejala Claudia Carrasquilla, «La Dama de Hierro»  podría convertirse en una pieza clave del gobierno del presidente electo Abelardo De La Espriella, un salto al escenario nacional que pondría en jaque su anhelo de gobernar a Medellín.

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claudia carrasquillaEl ajedrez político en Colombia se reacomoda con la inminente llegada del presidente electo Abelardo De La Espriella al poder, y, uno de los movimientos más sonados apunta a la cartera de seguridad nacional.

Con fuerza suena la posibilidad de que Claudia Carrasquilla, actual concejala de Medellín por Centro Democrático, sea llamada a ocupar un viceministerio de Defensa o a liderar un proyecto estratégico de seguridad en este nuevo gobierno.

Esta eventual designación no sería producto del azar, sino un cálculo táctico para incorporar a una figura de línea dura frente a la criminalidad en un momento donde el país exige respuestas contundentes.

La hoja de vida de Carrasquilla es su principal carta de presentación para asumir un reto de tal envergadura.

Conocida en el mundo judicial y criminal como “La Dama de Hierro”, forjó su carácter y experticia durante 26 años de carrera al interior de la Fiscalía General de la Nación.

Allí escaló desde asistente judicial hasta llegar a ser la Directora contra el Crimen Organizado y, posteriormente, Directora de Seguridad Ciudadana.

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Su amplia trayectoria técnica, el conocimiento profundo de las estructuras mafiosas y su experiencia en litigios penales la dotan del rigor institucional que un gobierno enfocado en el restablecimiento del orden busca consolidar.

Desde su llegada al Concejo de Medellín a inicios de 2024, su labor se ha concentrado casi de manera obsesiva en materia de seguridad ciudadana.

Ha sido una voz implacable a la hora de denunciar el creciente control territorial, la extorsión a comerciantes y el fortalecimiento de las bandas delincuenciales en Antioquia.

Su postura férrea e incisiva frente a las fallas de las políticas de la denominada “Paz Urbana” y su rechazo a los diálogos con cabecillas recluidos evidencian su oposición frontal a cualquier concesión hacia el crimen organizado.

Estas arriesgadas denuncias le han costado graves amenazas contra su vida y actos de intimidación, situaciones que demuestran la profunda incomodidad que genera en los actores ilegales.

La posible incorporación de la cabildante al equipo de Defensa de Abelardo De La Espriella representaría una simbiosis perfecta entre la visión del nuevo mandato y la trayectoria de la exfiscal.

Un perfil intransigente ante las negociaciones sin sustento jurídico con criminales ya condenados encaja a la perfección con la promesa de mano dura, legalidad y recuperación del control del Estado.

Para liderar un proyecto estratégico de defensa, contar con alguien que conoce de primera mano las fisuras del sistema penal y las tácticas de rentas ilícitas de las disidencias y bandas urbanas resulta ser un activo invaluable.

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FUTURO POLÍTICO

Sin embargo, aceptar este llamado del gobierno nacional implicaría un altísimo costo político para sus proyecciones electorales.

Es de conocimiento público que Carrasquilla sueña con ser algún día la alcaldesa de Medellín, un objetivo por el que ha venido trabajando mediante el contacto directo con las comunidades en los barrios y liderando acérrimos debates de control político.

Si decide dar el salto al viceministerio de Defensa, la posibilidad de consolidar su proyecto a la Alcaldía de la capital antioqueña disminuiría dramáticamente, alejándola del territorio local donde ha cimentado su base electoral y su reconocimiento público primario.

A pesar de esta eventual renuncia a su meta local, hay que analizar su panorama con extremo pragmatismo, sus posibilidades de salir triunfante en una futura elección popular a la Alcaldía de Medellín ya eran bastante difíciles frente al peso electoral de otras figuras políticas más tradicionales y maquinarias establecidas en la ciudad.

Por lo tanto, asumir un rol protagónico en la Defensa Nacional no sólo salvaguardaría su vigencia política, sino que elevaría su perfil a un escenario en el que sus habilidades persecutorias podrían ejercer un impacto contundente. Sería, sin lugar a dudas, un ascenso estratégico inmejorable.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.