viernes, abril 19, 2024

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Dónde está su mujer?

El trópico da de todo, de un par de semillas que se arrojen al suelo brota alguna cosa. Esta frase la he recitado en muchas ocasiones y con la historia que les voy a contar me darán la razón. El arco iris tiene colores como historias interesantes esta ciudad. Ojo al chisme.

La fuente de la siguiente historia proviene de un amigo que trabaja en una empresa que se dedica a prevenir embarazos indeseados a través de campañas de salud sexual.

En el ir y venir, entre condones, ligamentos de trompas, inyecciones, urólogos, vasectomías, médicos y campañas en sectores de escasos recursos de la ciudad, donde se reproducen como conejos por falta de televisor salió este caso de la vida real que podría ser utilizado por un libretista de telenovela.

Resulta que una pareja feliz y con tres hijitos tomaron la decisión de desconectarse, como dicen en la Costa Atlántica, con el fin de no traer más muchachitos al mundo. Según la evaluación de los progenitores tres hijos son una multitud en esta época.

Entre la pareja, en la cual la comunicación era la regla de oro se decidió que el imponente semental se hiciera la vasectomía, con el fin de librar a la madre de la dolorosa e incomoda cirugía de ligamentos y cortes en las trompas de Falopio.

Se decidió entonces que el macho, acarreara la responsabilidad de extirpar o ligar los conductos deferentes por donde viajan los microscópicos espermas y liquito seminal, desde los testículos pasando por la uretra hacia el exterior para llegar a un buen pozo femenino, una mano, papel higiénico o inodoro.

Lo cierto del caso es que prepararon sicológicamente al semental, lo llevaron a la clínica y listo para la cirugía. En la sala de espera, compartían un café; la madre, los tres hijos y el hermano del paciente, cuñado de la madre.

Los minutos pasaban durante la cirugía. El urólogo, uno de los más reconocidos en la ciudad inició su trabajo con varios asistentes. Vaya sorpresa del médico cuando iba a ligar los ya mencionados conductos deferentes. El paciente, padre de tres hijos carecía de ellos, no los tenía y el especialista tuvo que suturar la pequeña incisión que había hecho. En otras palabras, no operó, pues no había nada que hacer, debido a que el padre de tres hijos, no podía engendrar y además los únicos títulos que tenía en el círculo familiar y grados consanguinidad, de acuerdo con lo encontrado en sus pelotas; era de hijo, hermano, primo, y tío, pero eso sí, nunca de padre.

Mientras el paciente dormía los efectos de la anestesia, el galeno se debatía en varias opciones a tomar. Explicarle la situación al paciente, que era su deber. Comunicarle a su fiel esposa el hecho o comer callado.

Mientras el semental yacía en la sala de recuperación, el urólogo se dirigió a la sala de espera, donde lo abordó la esposa preocupada: doctor cómo estuvo la operación, preguntó.

Pues déjeme decirle señora que cirugía no hubo, pues el paciente no tiene conductos deferentes. En otras palabras no es necesario operar, manifestó el doctor.

La señora se toma varios segundos y manifiesta: pues doctor, entiendo la situación y espero usted entienda la mía, tenemos 20 años de feliz matrimonio y mi cuñado nos ha ayudado mucho.
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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.