sábado, julio 20, 2024

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TIRO AL BLANCO N° 262

El efecto alienador que genera el fútbol en la fanaticada siempre me pareció perturbador. Ese sin sentido que genera cada partido o una final de campeonato en millones de aficionados que lloran a grito herido por un buen resultado, responsabilidad de un grupo de muchachos que corren detrás de un balón, es una locura que nunca pude dimensionar.
Desde pequeño preferí, como decían algunos compañeros de colegio, deportes más afeminados. El tenis de mesa, la natación, el baloncesto y el senderismo con una buena compañera, que además, de la infaltable marimba acompañada de hongos de boñiga con panela eran la combinación perfecta para tener nuestro propio partido. Recuerdo alguna vez en la montaña haber ingerido más de la cuenta de esa fantástica mezcla. Todo iba perfecto hasta que las piedras empezaron a abrir los ojos. Empecé a preocuparme.
El fútbol ha sido, en lo personal, tiempo perdido. Esa manía de embarrarse hasta el último pliegue del cuerpo en un partido en pro del marcador siempre fue grotesca y falta de estética, así las muchachitas incautas de la época mojaran en silencio sus cucos por el hecho de ver los cuerpos de aquellos adolescentes. Hace 25 años, Antioquia dejó de respirar debido a que Atlético Nacional ganó la Copa Libertadores de América. La tierrita se transformó. El pueblo al unísono entró en esquizofrenia colectiva.
Fue absolutamente horroroso, harina por aquí, harina por allá. La gente gritaba ¡René, René, Andrés, Andrés!, y repita, harina por aquí, harina por allá más el sinfín: ¡Ahí salen los duros, llegaron los fuertes, se visten de verde, qué equipo será!…

Repito, el efecto alienador que genera el fútbol en la fanaticada siempre me pareció perturbador hasta el Partido Colombia vs Costa de Marfil, para evitar mencionar el encuentro contra Japón que fue de infarto durante el Campeonato de Fútbol en Brasil.
El fanatismo hace que el país se paralice. No me iba a quedar solamente pensando en Santos, Uribe o Fajardo, mientras lo que queda de los paras, la guerrilla, las bacrim y los políticos se cogían de las manos para ver como hermanitos los últimos partidos.
Pues con un poco de desgano fui a parar a una de las Comisiones Permanentes del Concejo de Medellín, donde tenían camisetas, sombreros, cornetas, pitos, serpentinas y un monumental televisor para apreciar los encuentros…
No conozco los jugadores de la Selección Colombia. Identifico a James y a Yepes al que una de las asistentes no le faltó sino tirarle el brasier y los calzones al televisor cuando vio ese hombrononón. Me asusté tanto con el efecto que le generó ese futbolista a esa muchacha, al punto que empezaré a practicar por lo menos para que me tiren así sea saliva, algo mágico deberá tener darle pataditas a un balón…
Estaba tranquilo, desinteresado. Salió Colombia, normal. Salieron los otros, normales. Himnos, normales. Uno de los otros lloró y moqueó hasta el cansancio, yo, insensible. Tocó mirar el televisor al igual que el resto de asistentes.
Pocas veces me concentro y esta vez la caja mágica logró atraparme, nada de goles pero el partido me tenía tenso. ¡Goool HP! ¡Qué vergüenza, grité involuntariamente! Caí en una nebulosa como las que me generaban la marimba, los hogos, la panela y la muchacha, pero sin las piedras.

Increíble, hablé de fútbol, analice jugadas y hasta dialogué con esa fastidiosa fulana con quien en la vida había cruzado palabra. Esos son los efectos alienantes del fútbol que le pusieron a un apático como yo, el sombrero tricolor, a tocar corneta y a gritaba Uy! y jueputa, igualito a los que en cada partido, el que sea, lloran a grito herido porque es lo único que nos une en el país…    


En alguna ocasión a un italiano radicado en Medellín, quien apenas aprendía español le preguntaron sobre lo que estaba estudiando en la ciudad. El extranjero respondió que estudiaba “con-putería”…
Y sí, con putería quedamos muchos al enterarnos del fallecimiento del actor, director de teatro, político y electo representante a la cámara de representantes, Rodrigo Saldarriaga Sanín.
Putería a diferencia de la acepción del italiano, es la fusión entre rabia, desengaño y nostalgia. La última vez que hablé con el director del Pequeño Teatro fue en el mes de enero en el atrio de la iglesia de Jardín. Llevaba puesto un pantalón de dril café oscuro, con una camisa amarilla de mangas cortas y una cachucha oscura de bolchevique.
Me le acerque y le dije, -¿qué hubo viejito?, -acá mijo, haciendo campaña con Robledo, respondió. Me tomó del brazo y me dijo: -Este frio está tenaz, vení fumemos… Mientras chupábamos como un par de putas en comisaría Saldarriaga me dijo: -sabes que me preguntó Jorge Gómez, -qué, contesté. -Me dijo que como hacía yo, para que vos escribieras sin darme garrote. Ni abrí la boca…
La putería que siento me lleva a contestar ese interrogante. Aunque para algunos integrantes del Polo, especialmente del MOIR, soy un periodista sospechoso, sin ética y torcido por la sencilla razón de que no me abro de piernas para dejarme meter intereses partidistas, con Rodrigo Saldarriaga fue diferente.
A Saldarriaga lo conocí como actor y director de teatro, no como político integrante de un partido de izquierda con las mismas mañas y traiciones que se practican en el bipartidismo azul y rojo.

Rodrigo Saldarriaga fue un sui generis personaje que hizo de su vida lo que le dio la gana, habló de lo que se le dio la gana, y mandó a comer mierda a los que se les dio la gana a cambio de la convicción de trabajar por la cultura y en especial por el teatro, cansado de recibir ayudas paupérrimas y miserables por parte del Estado.

Fue precisamente el martes, 12 de noviembre de 2013 en el Tiro al Blanco N° 231 cuando me atreví a escribir por primera vez sobre este señor. Días antes estuve tomando un par de tragos en su oficina. Saldarriaga dejó un buen ejemplo. Su vida estuvo llena de buenos libros, de música, teatro, política, licor, tabaco y muchas mujeres, ejemplo, que sin duda alguna, seguiré al pie de la letra… INMENSAMENTE PEQUEÑO
Con el fallecimiento del electo representante a la cámara, Rodrigo Saldarriaga Sanín, se le apareció la virgen a cuasi médico de la Facultad de la Medicina de la Universidad de Antioquia, Víctor Javier Correa Vélez, quien logró cerca de 6 mil voticos en las pasadas elecciones parlamentarias del 9 de marzo de este año.
Correa Vélez, un muchachito cafetero de 30 años de edad, es oriundo del municipio de Concordia en el suroeste del departamento y dirigente del movimiento estudiantil de su facultad.
El también vocero de Dignidad Cafetera, de la MANE y del sector salud, es cercano a Democracia Real, línea política que orienta el ex concejal de Medellín, Carlos Ballesteros, aunque, Víctor Javier, tiene apoyo también de sectores no todos de izquierda.
Entre las taras que tenemos los seres humanos se encuentra que nos fastidia que estén recordando nuestros errores. En alguna ocasión una vieja me dijo que el problema no es ser puta, sino que lo estén recordando, aunque entre puta y prostituta hay diferencias. Puta es la que piensa y prostituta la que exhibe para la venta…
Bastante incómodos deberán estar algunos importantes personajes tras conocerse las declaraciones de Juan Carlos “El Tuso” Sierra quien nuevamente refrescó la memoria de los antioqueños, después de recobrar su libertad tras ocho años de cárcel en Estados Unidos.
En declaraciones que ofreció a -Julito no me cuelgue- “El Tuso” Sierra confirmó que tuvo negocios con el ex senador Mario Uribe a quien además ayudó con dinero en diferentes campañas políticas.
El confeso narcotraficante sostuvo que también financió las campañas de Oscar Arboleda Palacio y Luis Alfredo Ramos, y ayudó económicamente a Jorge León Sánchez, unos de los mejores amiguis de ese ex gobernador.
En las declaraciones que pusieron a temblar La Picota y las montañas de Antioquia, mencionó además haber ayudado a Oscar Suárez Mira detenido por parapolítica y a Santiago Vélez Uribe, hermanito del electo senador y ex presidente Álvaro Uribe Vélez.
Entre los delitos por los que se acusa a Juan Carlos “El Tuso” Sierra, se encuentran el de narcotráfico y el ingreso al país de manera ilegal de 1.200 (mil doscientos) fusiles más 2’000.000 (dos millones) de balas para las desarticuladas Autodefensas Unidas de Colombia, AUC.
Se entregó a la justicia colombiana en agosto de 2006 y posteriormente fue extraditado a EEUU. Fue puesto en libertad en abril de este año.
En el testimonio que ofreció el confeso traqueto se encuentran las versiones que comprometen al General del Ejército Mario Montoya a quien según el “El Tuso” Sierra responsabilizó de recibir pagos por parte de los paras cuando se desempeñó como Comandante de la Cuarta Brigada del Ejército en Medellín. Sierra sostuvo que existen documentos sellados que en la actualidad se encuentran en manos de las autoridades en Estados Unidos.
La gran coalición por la paz, como han llamado a la sombrilla burocrática que agrupa a movimientos y partidos políticos de todo color y pelambre y que fue en última medida la que viabilizó la reelección del presidente Santos, tendrá un costo bastante alto para el país.
En primer lugar, el remedo de democracia colombiano ha quedado fracturado. La más reciente campaña electoral universalizó (que ya venía del gobierno anterior) la compra de votos, reduciendo las elecciones a una subasta donde el ganador será quien más dinero disponible para participar en ella tenga y ahí juega un papel preponderante el fisco estatal.
En segundo lugar la Unidad Nacional bloqueó alternativas políticas, pues por lo hecho en nombre de la paz, la gratitud que se debe a sus miembros determinará las nuevas elecciones territoriales que se avecinan.
Además revivió el frente nacional, acabando casi por completo con el equilibrio necesario en los debates políticos, pues la oposición a la que lo único que le dejaron fue el sagrado derecho al chapaleo, brillará por su ausencia. La nueva coalición al mismo tiempo acabó con los discursos ideológicos tan necesarios ellos para llevar a cabo programas de gobierno adecuados para un país socialmente en crisis.
La Unidad Nacional también hirió de muerte a los partidos políticos, quienes por el apetito burocrático entregaron filosofías, ideologías, líneas programáticas, etc. Y en este aspecto quien más sufrió fue el Polo Democrático, que después de un papel protagónico en el debate electoral de primera vuelta, generó grietas profundas entre sus principales cuadros políticos, dejando a sus electores inmersos en un mar de incertidumbres.
Uno de los costos más altos de la Unidad Nacional tiene que ver con la entrega de la independencia del ejecutivo al  legislativo, en otras palabras si en algún momento se pensó en la viabilidad de una reforma política, al sistema de salud, de justicia o de educación, estas serán atravesadas por los intereses particulares de los parlamentarios, de los que todos sabemos son representantes de sectores específicos de la economía que se verían afectados directamente por las hipotéticas reformas, congresistas que además, con un fin distractor, buscan el ahogado río arriba, agudizando las problemáticas de la población colombiana.
Pero indiscutiblemente el peor costo de la Unidad Nacional tiene que ver con el fortalecimiento de Álvaro Uribe Vélez, quien por sí sólo alcanzó una votación altísima, lo que le da preponderancia suma a su nuevo papel de senador y lo promulgó, si se quiere, como una ficha clave para las venideras elecciones territoriales y las próximas presidenciales, en las que su apoyo a un posible candidato será fundamental.

Por: Camilo Grajales

El próximo 2 de julio Colombia conmemorará la trágica muerte de uno de los mejores exponentes del deporte que por estos días hace vibrar al país. Andrés Escobar fue asesinado hace 20 años y aún no hay claridad sobre los móviles del hecho, lo cierto es que en el caso están involucrados los hermanos Gallón Henao, uno de ellos extraditado a Estados Unidos por tráfico de drogas y el otro condenado por patrocinar grupos paramilitares. La sombra del narcotráfico ha acompañando durante mucho tiempo el deporte-religión que hoy tiene a los colombianos trabajando hasta el mediodía. 
La historia de este matrimonio, fútbol y narcotráfico, tiene sus comienzos a finales de los años 70 cuando el Unión Magdalena, el equipo del “Pibe” Valderrama, pudo haber recibido dineros provenientes del tráfico de marihuana. Su notable participación en la final del fútbol colombiano de 1979 reflejaba un milagroso retorno después de una inminente quiebra. En los años 80 la disputa por el control de las drogas entre los carteles de Cali y Medellín no sólo se combatía en las calles, también en las canchas, y ahora la sospecha de los dineros non sanctos llegaban a la nóminas del América de Cali  y del Atlético Nacional.
En la época de Alfonso Senior y Guillermo “La Chiva” Cortés, los equipos bogotanos Millonarios y Santa Fe pasaron malos ratos cuando denunciaron la llegada de dinero producto del lavado de activos. En el año de 2006, el equipo de James Rodríguez se quedaba sin presidente. Gustavo Upegui, quien fuera manager del Envigado Fútbol Club fue asesinado por ocho sicarios en una finca de recreo cercana a San Jerónimo, Antioquia.
En el 2012 el expresidente del Millonarios, Felipe Gaitán, en un asalto de dignidad y ligereza sugirió devolver los dos títulos obtenidos por el equipo bogotano durante la época de Rodríguez Gacha. La respuesta del Presidente de la DIMAYOR fue: «La pregunta que habría que hacerse es si el país, no sólo el fútbol, está en la capacidad de retroceder su historia y que las entidades de toda índole, desde las más importantes hasta las más pequeñas, puedan hacerlo. El narcotráfico permeó toda la sociedad colombiana».
El fiscal del caso de Andrés Escobar, es un conmovedor relato, aseguró que nada ha cambiado en 20 años por una sencilla y perversa razón: “seguimos siendo demasiado permisivos con la cultura mafiosa”. 
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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.