martes, junio 18, 2024

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POR MAL CAMINO

gardiazabal66 - copiaCon bombos y platillos ha anunciado la Ministra de educación su plan de mejoramiento de la calidad del sector. Según la Ministra, como vocera del gobierno, la revolución educativa se basa en la implementación de la jornada única escolar de 8 horas diarias y en estas filas ha enrolado a la sociedad colombiana (que come medios), haciéndola olvidar de la realidad de la educación.

Cierto es que una jornada única escolar podría generar una relación diferente de niños y jóvenes con la escuela, pero el mejoramiento de la calidad de la educación dista mucho de la permanencia de los estudiantes en los planteles. La realidad es que mientras nuestra sociedad no haga un pacto silencioso en el que se valore la preparación académica independientemente del éxito económico personal no habrá mejoría en el proceso educativo colombiano.

Creer que con la simple presencia de los niños y jóvenes al interior de las cuatro paredes escolares, algunas que carecen incluso de lugares adecuados para la socialización: canchas, espacios generosos para la interacción con los pares, etc. se mejorarán los pésimos resultados que arrojan pruebas censales como las PISA, es estar, una vez más como es costumbre en Colombia, buscando el ahogado río arriba.

Este tipo de medidas comprueba algo que los maestros han repetido hasta el cansancio, los encargados de la educación colombiana pueden ser expertos en economía, leyes y administración, pero son completamente desconocedores de la realidad social y académica de las escuelas públicas del país.

Los ejemplos de este terrible error de análisis en el que nos quieren meter a todos abundan. Para obedecer políticas económicas internacionales, hace cerca de 15 años (interesante pensar en el tiempo transcurrido como antecedente para analizar los resultados de las pruebas PISA), se creó un primer punto de ruptura en el sector educativo colombiano, el decreto 230, de promoción automática, lo que generó, con el beneplácito de secretarías de educación, profesores y padres de familia, una reducción considerable en la calidad de la educación.

Pero los resultados nefastos no fueron sólo académicos, pues, peor aún, se generó entre muchos de los jóvenes en edad escolar una cultura del facilismo (con mayor arraigo en sociedades donde la cultura narco se ha enquistado) y una desvalorización social de la educación, convirtiendo las escuelas en “parqueaderos”, guarderías de niños y jóvenes.

Con un inmediato pasado tan preocupante y un presente completamente oscuro, plantear olímpicamente como salida a la mala calidad de la educación el aumento de la permanencia de los escolares en las aulas, es un exabrupto completo que responde igual que el decreto 230, a la ecuación matemática que tanto les gusta a los administradores colombianos de a mayor cantidad, mayor calidad, ecuación imposible de despejar, pues no se ataca de fondo el problema.

Lo peor de todo no está en la falsa solución que nos ofrecen, lo más preocupante radica en que no se apuntará a encontrar las verdaderas salidas a una problemática tan grande como la que atraviesa el sector educativo en el país.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.