jueves, abril 18, 2024

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HARINA DEL MISMO COSTAL

gardiazabal66-copia2El prolongado conflicto colombiano ha tenido diversos matices durante su desarrollo: grupos guerrilleros que transformaron su ideología por negocio, escuadrones paramilitares que desarrollaron el trabajo sucio para el Estado, partidos políticos desaparecidos a razón de promulgar principios de color diferente al predominante en los gobiernos, negociaciones subterráneas que no llegaron a feliz término, entre muchos otros.

Sin embargo y pese a lo largo y quebrado del conflicto ha habido un factor común que lo ha avivado constantemente sin miramientos de ninguna clase: el interés predominante de mantener la hegemonía política y económica de algunas familias en diferentes regiones del país y en el total de él.

El proceso de negociaciones entre el Gobierno colombiano y los paramilitares realizado en la población de Santa Fe de Ralito con el que se pretendió el desmantelamiento de esos grupos al margen de la ley, reveló una verdad que no por estar en silencio era desconocida para el total de la población colombiana. Se evidenció cómo, aprovechando la injerencia que tenían en los gobiernos, políticos prestigiosos participaron y patrocinaron la creación y el actuar de grupos paramilitares. Hoy no se puede desconocer que gracias a las denuncias hechas por los mandos y combatientes de esos grupos, se iniciaron las pesquisas que han dado como resultado la condena de 40 congresistas, y a 2012, según la MOE, las investigaciones cobijaban a 160 parlamentarios y a 470 funcionarios locales. Así mismo se evidenció la presencia de dineros de multinacionales en las arcas de los grupos paramilitares con la sospecha de que no obedecían precisamente al pago de extorsiones.

El proceso de Ralito le costó a Colombia la fe en las instituciones, pues hasta el presidente de la época se vio altamente inmiscuido en la “conspiración” que se estaba tramando para “re-crear” al país desde estas agrupaciones militares y paraestatales.

Hoy, después de casi sesenta años de iniciada la confrontación más antigua del continente americano uno de los grandes protagonistas de ella, la guerrilla de las FARC, está al borde de la desmovilización total de su estructura militar, en un nuevo proceso de negociación que ha generado una serie de debates entre quienes se expresan a favor y los que por el contrario ven en ese proceso un riesgo altísimo (como en el de Ralito) para la institucionalidad.

La pregunta de cómo desmovilizar a los combatientes y sus líderes que, según ellos mismos, no han cometido delitos sino que por el contrario son víctimas de un Estado que los avocó a la guerra, es la puerta de entrada al debate que ha polarizado aún más al país.

En este marco actual, y con una historia reciente que generó más dudas que tranquilidades, se buscan las herramientas jurídicas que permitan la culminación deseada del proceso. Fiscal General de la Nación por un lado y por el otro Monseñor Ordóñez, Procurador, Presidente versus Ex presidente, denuncian y responden a diestra y siniestra buscando adeptos para sus causas, y en ese mar de inciertos aparece Cesar Gaviria, oportunista siempre, con una propuesta por decir lo menos descortés y poco elegante para venir de un líder político: la justicia transicional debe imponerse a todos los participantes del conflicto, esto es combatientes y civiles que patrocinaron (y provocaron) la barbarie en Colombia, es decir a políticos y empresarios denunciados y condenados.

Será esta la verdad oculta tras los ataques al proceso de negociación, en cabeza de quién y a razón de qué cabe el indulto a los generadores de una guerra sangrienta que enfrentó de manera fratricida a los connacionales sin ninguna justificación verdadera.

Sí, es cierto que como lo dijo el Presidente Santos, este proceso podrá finiquitarse si los colombianos estamos dispuestos a tragarnos unos sapos de extravagantes magnitudes, o sea eximir de culpa de crímenes atroces a guerrilleros y militares, pero de ahí a perdonar a estos políticos y empresarios que aprovecharon su prestancia y poder para generar las condiciones que dieron a luz este conflicto, hay un trecho supremamente grande que los colombianos no estamos dispuestos a caminar.

Siguen los poderosos, como es su costumbre, buscando sacar la mejor tajada de los diferentes procesos que se llevan a cabo en el país, ahora buscan salir ilesos de su participación protagónica en el conflicto y no nos extrañe que pretendan también declararse como víctimas.

Y su medio, un ex presidente, paracaidista él, quizá el mejor. Por destino cayó al primer cargo de elección popular del país; cuando nadie lo esperaba se hizo a la diestra del Presidente Santos para apoyar su proceso de negociación, y hoy, cuando ha abonado el terreno, lanza sin vergüenza alguna una propuesta de tal talante que pretende indultar también a los que generaron la guerra y la han mantenido con el fin de su beneficio personal.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.