jueves, mayo 30, 2024

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DIA “E” DEL EMBELECO

aoComo ya es costumbre en nuestro país, los dirigentes pretenden arreglar todos los problemas que aquejan a la sociedad con decretos y celebraciones: problemas de convivencia, crean el día de la convivencia, problemas de violencia, crean el día de la no violencia. Y en esa misma dinámica, la Ministra joven, la de las gafas extravagantes, la que se muestra como liberal, ante el problema – ¿inventado?- de la calidad en la educación, crea el día “E”, de la excelencia educativa, que se realizará por primera vez este 25 de marzo.

El problema de la calidad educativa que está sobre diagnosticado no por alguna prueba censal, como las PISA o las Saber, sino por el fracaso social que atraviesa nuestro país en todos los ámbitos, no se solucionará a partir de medidas fiscales, de permanencia escolar, de construcción de nuevas sedes modernas pero antipedagógicas, de imposiciones inquisitivas de la calidad o de incentivos económicos a los maestros (pero miserables como la bonificación del 1% durante un año, que no excede los de $27.000 en el mejor de los casos), sino a partir de una nueva política educativa que reúna a la nación en un objetivo común: la educación como punto de partida de una nueva sociedad, escúchese bien, nueva sociedad.

El día “E”, estipulado como un día de análisis de los resultados arrojados en las pruebas censales a todas las Instituciones Educativas del país, solo apunta a un control eficiente (para el gobierno) de la gestión cuantitativa del maestro y no –como debiera ser- a una reflexión profunda de los diferentes componentes pedagógicos que rodean el proceso de enseñanza-aprendizaje.

La utilización del Índice Sintético de Calidad Educativa, ISCE (el gran avance), cuyos componentes básicos de medición son progreso, desempeño, eficiencia y ambiente escolar, con el que se pretende determinar “dónde estamos, a dónde queremos llegar y el nivel de cumplimiento de esa meta”, no es más que una forma de acomodación a las exigencias de los países que están determinando el nuevo orden mundial agrupados en la OCDE.

El primer punto a tener en cuenta para analizar el nuevo embeleco de la Ministra de Educación tiene que ver con qué se va a evaluar, en el entendido de que en Colombia no se ha creado en muchos años un proceso educativo que se acerque a una política en el ramo. Los pocos procesos que se han llevado a cabo son insípidas (sin querer demeritarlos) aproximaciones realizados por las Instituciones Educativas sin más aportes que el que hagan los maestros de ese plantel.

Los resultados en los que el gobierno nacional se basa para determinar la “mala calidad de la educación en Colombia”, son los arrojados por una apuesta hecha por el gobierno Uribe, del que participó el actual Presidente, en la que sacrificó la tan sufrida calidad por la cobertura, y que se materializó en el fatídico decreto 230 que determinaba un número (seguimos cuantificando la educación) de estudiantes que podían repetir un grado escolar. El resultado excelente en términos de cobertura catastrófico en términos de calidad.

Los estudiantes que presentaron las pruebas con las que hoy se diagnosticó la mala educación colombiana son el resultado de esa generación, que vivieron gran parte de su vida escolar bajo el decreto 230. Pero lo grave no es que nuestros jóvenes no sepan leer o escribir, o que sean incapaces de resolver una ecuación matemática, lo realmente preocupante (que no preocupa a nuestros gobernantes) es que hayamos creado una generación sin el valor del merecimiento, completamente facilista que creen que tienen derecho a todo por el solo hecho de ser niños o jóvenes. Una visión mendiga que seguramente afianzará el espíritu politiquero de nuestros mandatarios.

Lo peor de todo radica en que el Índice Sintético de Calidad Educativa, pone estándares de medición completamente descontextualizados de la realidad de la educación Nacional, lo que implica que los nuevos estudiantes serán preparados para la presentación de unas determinadas pruebas y los colegios (porque el ISCE habla de evaluar procesos internos) buscarán acomodarse a la obtención de esos resultados y no a la solución de problemas reales de las comunidades.

El otro eslabón de la estructura educativa, el maestro, también se verá muy perjudicado en el intento de Santos y su grupo de amigos en ingresar al club de los poderosos. En primer lugar se ve altamente vulnerada la libertad de catedra, en segundo lugar su calificación como profesor queda únicamente reducida al resultado de los estudiantes en las diferentes pruebas y en tercer lugar la búsqueda de un salario profesional y digno para un profesor vuelve a quedar en el último renglón.

Pero la más perjudicada de todos es la sociedad que depositó sus esperanzas en la educación, pues los PEI, creados por la Ley General de la Educación para enraizar los procesos educativos en las comunidades, pasarán desde la oficialidad del mismo gobierno a recoger polvo en los anaqueles históricos de las instituciones, los procesos de formación escolar serán relegados por los de información y la pedagogía entendida como esa disciplina de los formadores de nuevas generaciones, será suplida por la de expertos en, a los que les importa que el estudiante sea capaz de calcular el trayecto y velocidad de una bala para acertar en el objetivo y no de medir el daño que cumplirlo puede acarrearle a una persona, una familia o a la sociedad.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.