domingo, febrero 25, 2024

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LA FE DEL CARBONERO

aoLo más triste de todo es el oportunismo de algunos políticos y medios de comunicación que ven en la tragedia ajena la oportunidad de protagonismo y de direccionar la opinión pública.

Sólo fue que amaneciera y los medios reproduciendo la voz de los políticos contrarios al proceso de paz empezaron a lanzar sus hipótesis amañadas y tendenciosas sobre el atroz crimen cometido en contra de once integrantes del ejército colombiano.

Voces contrarias al proceso de desmovilización de la guerrilla de las FARC; las voces de los Uribe, los Morales, los Zuleta, los Sánchez, los Vagas, los Lleras, entre mucha otras, se hicieron oír en los medios de comunicación, acusaciones al gobierno Santos de complicidad con el grupo guerrillero de parte de la oposición, hicieron eco en la población colombiana que de nuevo comenzó a pedir reavivar la inclemente guerra que se ha librado en el país por apenas 60 años, y en las que ellos no han participado de manera directa.

Olvidaron los medios reproducir otra gran cantidad de voces que a gritos han pedido que el conflicto armado interno se reduzca, que los 7000 combatientes (según las cifras oficiales) que han operado bajo la nefasta marca de las FARC, se desmovilicen para que se inicie una dinámica diferente en los campos y poblaciones alejadas del país.

Voces estas últimas de los Páez, los Turriago, los Blanco, los Laguilavo, los Guevara, los Albán, los Aguilar, los Prado, los Puentes y los Popayán, entre muchas otras que pertenecen a los ciudadanos de a pie que en realidad han sufrido en carne propia los bombardeos de la guerrilla y del ejército.

Mal que bien el proceso de paz había logrado reducir de alguna manera los hostigamientos del ejército subversivo y seguramente en los campos y selvas del territorio nacional habían también sentido un alivio al reducirse los bombardeos que por precisos que sean siempre generan lo que el derecho internacional humanitario ha denominado daño colateral.

Realmente nadie entiende la apuesta de las FARC, pero igual de confusa y tibia es la nueva posición del gobierno Santos, que incapaz de soportar la presión de sus opositores y sus nuevos opositores, decidió absurdamente determinar un tiempo límite para llegar a un acuerdo en la mesa de la Habana.

Muchos de los Colombianos que no tenemos apellidos sonoros para los medios de comunicación, pedimos hoy que el proceso de desmovilización de las FARC continúe con la dinámica propia de un proceso de esa importancia y que los dos años largos de negociaciones no se arrojen a la caneca por el incumplimiento de unos y el oportunismo de otros.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.