sábado, mayo 25, 2024

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UN SER DE OTRO TIEMPO

cdPor: Cesar Augusto Duque Buitrago

Hablar de Carlos Gaviria Díaz no es fácil para mí. Todavía me duele que no hubiera sido nuestro presidente. Lo conocí de cerca durante su campaña presidencial del 2006 y a partir de ahí mantuvimos contacto frecuente. En Punto de Vista criticamos bastante, a los jóvenes por godos, a los viejos por liberales. Creo que eso le pasa al país también. No quiso elegir a Gaviria por ser demasiado liberal, demasiado culto, muy bueno para un país religioso y anquilosado, acostumbrado a sufrir.

La Campaña

Entró rápido, evitando aglomeraciones en la puerta de la vieja casona que nos servía de sede, (a tres cuadras de esa casa, paramilitares mataron 19 años atrás a su entrañable amigo Héctor Abad Gómez) adentro se armó una fiesta por la llegada del candidato presidencial Carlos Gaviria Díaz, el hombre que, por solicitud de sus amigos y no por egos personales, dejó la academia para acompañar y representar desde el legislativo a los ciudadanos de a pie, a los que defendió con sus sentencias desde la Corte Constitucional.

Era un señor muy bonito, con su cabello blanco a los hombros y barba abundante que hizo que muchos lo llamaran “Papá Noel”. No hubo tiempo para presentaciones ni protocolos por lo que aplacé el saludo personal para terminada la reunión. La charla fue amena y cargada del optimismo que infundía el doctor Gaviria. El saludo fue breve, “Dr. Gaviria soy el comunicador de su campaña en Antioquia, mucho gusto – “mucho gusto joven”, me respondió con una sonrisa y un apretón de manos.

Lo agitada de la campaña presidencial del 2006, dejó poco tiempo para la vida social. En uno de los pocos ratos que pudimos compartir, ajenos al ajetreo de la contienda política, el cumpleaños de una amiga en común, le mostré el video Querido FBI del grupo Calle 13, se quedó callado mientras Mariano Guerra, dirigente sindical tarareaba el coro que se le quedó pegado. Al despedirnos me dijo, interesante el video, pero definitivamente yo soy de otro tiempo.

En Rionegro Antioquia, en un evento académico sobre la constitución del 91, mientras transmitía vía celular para la radio apartes de la conferencia que dictaba Gaviria Díaz, otra persona contestó una llamada de celular a mi lado y el maestro interrumpió la charla mientras pedía respeto por el auditorio. Debí suspender la transmisión y disculparme. Al final de la conferencia me buscó doña María Cristina Gómez, su esposa y me dijo, Carlos quiere hablar con vos. “Joven, no sabía que estaba trabajando, si todavía le sirve de algo, podemos hablar sobre lo que quiera.” Fue una entrevista de media hora amena y desprevenida, sentados en un muro del corredor de un restaurante.

En una de sus visitas de campaña a Medellín, preparamos una agenda que incluía la visita a varios medios de comunicación y varias conferencias en universidades. Para la noche se había programado una cena y en ese espacio alguien del sector privado pidió espacio para una reunión: “No me agenden reuniones por favor, yo quiero plaza pública, contacto con los jóvenes, porque si no, vamos a hacer la gran reunión en vez de la gran revolución”.

Siempre fue dispuesto y amable con los medios de comunicación y sólo una vez lo sentí incómodo, fue en una entrevista en el Periódico El Colombiano. A nuestro encuentro salió, Ana Mercedes Gómez, entonces directora y tomando la solapa de chaqueta color habano del doctor Gaviria, le dijo “Carlos ese amarillo está muy desteñido”, “y yo te conocí defendiendo la democracia en Maguncia” respondió. No hubo entrevista, fue más un interrogatorio en el que los periodistas del área política fueron convidados de piedra, mientras la directora, acompañada de la asesora jurídica del periódico, atacaba desde todos los frentes al candidato. Al finalizar, viendo mi angustia, en tono sereno me dijo, -no te preocupes, eso iba a pasar y yo lo presentí. Hay medios que son caja de resonancia del gobierno de turno y cualquier oposición la anulan de inmediato”.

Después de la campaña presidencial, en una conferencia a la que fue invitado en la Universidad de Antioquia y que resultó más homenaje, con el Teatro Camilo Torres repleto, mientras tomaba fotos para el archivo del Polo Democrático Alternativo, pude observar en varias ocasiones a profesores entrados en años con los ojos encharcados en lágrimas por la emoción de los argumentos y la elocuencia del maestro, o tal vez por la vergüenza por el mejor presidente que el país se dio el lujo de no elegir.

Después de la conferencia, Anita, estudiante de periodismo me aborda y me pregunta ¿usted conoce al Doctor Gaviria? Claro soy su comunicador, – dígale por favor que yo voté por él, aunque no entiendo mucho de lo que dice porque yo creo que él es de otro tiempo.

Así era el Carlos Gaviria Díaz que conocí, en medio del agite de una campaña presidencial austera. Era un hombre vital, de sumo respeto en el trato con todas las personas y con un profundo amor por su familia, especialmente por Doña María Cristina Gómez a quien siempre se refería como “mi Cora”. Un hombre, este sí, de una inteligencia superior, siempre dispuesto a compartir sus conocimientos y a atender las inquietudes de los estudiantes que por cientos querían entrevistarlo. El Carlos Gaviria Díaz que yo conocí, era un ser de otro tiempo.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.