sábado, abril 20, 2024

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JUNTOS EN URGENCIAS

mtSer enfermo crónico en un país tan inequitativo como Colombia es una maldición, pero a veces se cuenta con suerte. Fui a reclamar el medicamento para contrarrestar el alza de la glucosa a la central de la EPS Sura ubicada en las instalaciones del Centro Comercial Almacentro.

Regularmente parqueo en San Diego porque mientras en Almacentro cobra $3.000 (tres mil pesos) por hora o fracción al frente 3 horas valen $4.000 (cuatro mil pesos).

Paso caminando el puente peatonal, donde está el acopio, para reclamar la milagrosa pastilla que no está contemplada en el Plan Obligatorio de Salud, POS, y que en el mercado comercial 30 grageas tienen un valor de $100.000 (cien mil pesos) aproximadamente.

La contribución que hace la EPS a la enfermedad es casi un acto de caridad. La Metformina, que regularmente se receta a diabéticos en algunos pacientes genera contraindicaciones que afectan la calidad de vida. Regula el azúcar en la sangre, pero es fuerte para el estómago, además, que genera constantes e inesperadas diarreas…

En alguna ocasión para lograr que la médica de familia llevara el caso a junta de médicos, con el fin de propiciar el cambio de medicamento le conté la siguiente historia. Cuando fui a control, le platiqué a la médica, con quien tengo bastante confianza, que estaba muy feliz.

Le dije que me había conseguido una noviecita y que llevaba varios meses disfrutando de las mieles del amor. Sobre el comentario la galena comentó: -¡Qué bueno me alegra mucho!, y ¿cómo van las cosas?

Le contesté que todo iba perfecto a excepción de un pequeño detalle. Le expliqué a mi confidente que me había ido a «pichar» con la nena, porque el amor y el cariño ya lo habíamos hecho antes. Le confíe a la médica que hubo un momento en el orgasmo en que no sabía si venirme o cargarme. ¿Es eso calidad de vida?, le pregunté…

Sin titubear en ochos días tenía en nuevo medicamento. Linagliptina es el nombre genérico, más conocida en el mundo comercial como Trayenta de 5mg.

De verdad, ya no cargo papel higiénico en la billetera, ni calzoncillos de repuesto. El popo volvió a su estado normal y puede que suene chistoso, pero nadie sabe lo que padecemos los enfermos de diabetes por las contraindicaciones de medicamentos, que por pudor, tabú o incluso pena, nadie se atreve a comentar.

Eso sí, algo fastidioso tiene el cambio de medicamento. Reclamar la dichosa pastilla de última generación para diabéticos es casi una odisea al punto que pareciera que la EPS hace un favor con su cliente…

El médico de familia envía a junta de galenos la orden para ser analizada, quienes después de diez días aproximadamente emiten el CTC, que obligatoriamente tiene que ser autorizado cada mes, así tengas la fórmula. La autorización para reclamar las pastillas se hace por mensaje de texto y correo electrónico.

Recibida la autorización hay que ir a la Central de Sura en Almacentro para validar la autorización con cédula original en mano y hacer la primera fila que yéndole bien el cliente se demora mínimo 45 minutos.

La niña que notifica el reclamo de medicamento “NO POS” te mira con sospecha, pues entre la foto de la cédula y la fisionomía del paciente siempre hay diferencias. Posteriormente al mejor estilo de un agente de la Sijín te hacen examen de retina y evalúan la carta dental para culminar la aprobación.

Una vez validada hay que sacarle una fotocopia a la fórmula y correr, literalmente correr para hacer la fila en la farmacia de Colsubsidio que posee un ambiente muy parecido a un galpón de Minorista. Lentos para atender porque a las 12:00 del día termina el turno y disminuye el personal que debe soportar los olores de 400 mal contados clientes ávidos de medicamento.

Con tal desengaño vi la enorme, larga y lenta fila que me puse a escribir esta historia en el celular. La farmacia está situada en el primer piso, exactamente al lado del puente peatonal que atraviesa la Avenida El Poblado. Hice mi notificación para el turno y pensé que un café en el OMA del segundo piso no caería mal.

Caminé lento hacia las escaleras eléctricas para subir hacia el cafecito. Miré la escalera de subida y pude apreciar que una anciana de unos 90 años de edad iba con su acompañante, una jovencita de 60, pero no de cintura, de edad.

El tiempo se detuvo. En ese preciso momento la nanogenaria de unos 120 kilos de peso enredada en su bastón perdió el equilibrio y lentamente se fue hacia atrás…

Observada la escena que presentaba la abuela acrobática, casi parada en la cabeza, sin que su acompañante se percatara. Corrí hacia la escalera para impedir la vuelta canela de la viejita que por un segundo presentaba el mejor espectáculo del mundo superando los malabaristas del Circo del Sol.

Otro ciudadano preocupado reaccionó en el mismo momento, decisión que hizo que chocáramos al querer presionar el botón rojo que posibilita detener la escalera eléctrica.

En ese instante todo era confuso, las damas que evidenciaron la acrobacia aportaron lo justo. La histeria y los gritos de las féminas lograron asustarme más de la cuenta para terminar con la abuelita, juntos en urgencias…

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.