jueves, julio 25, 2024

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CATANO Y CHAPARRITO

aytLa cotidianidad de Medellín se interrumpió desde hace un par de días por la visita de uno de los actores norteamericanos más conocidos en el mundo hollywoodense.

Tom Cruise, un atractivo catano, chaparrito y canceriano de 53 años de edad tiene enloquecidos, hasta a los integrantes del gobierno del Alcalde Aníbal Gaviria, quien sumará en su balance de gestión la visita del ilustre personaje.

El perro, el gato y el garabato tienen que ver con la visita que una vez más hará que “al bobo” de la ciudad lo escondan en la pieza de atrás para evitar pena ajena. Pero eso hace parte de nuestra idiosincrasia harta de manifestar llenura, así estemos muertos del hambre.

Feliz quedó el empresario, propietario del restaurante ubicado en el Parque Lleras de El Poblado debido a que Tom estuvo en su negocio que paralizó por más de dos horas la noche del pasado miércoles.

Bien por Medellín que sea visitada por extranjeros de “primera clase”, pero mal por el ciudadano promedio que todavía no deja la montañerada. Aníbal Gaviria dijo que la visita de Tom Cruise se debe a la internacionalización de Medellín y que la ciudad se había convertido en otra posibilidad para la producción del cine mundial.

output_YvpteySin embargo, la doble moral de nuestros gobernantes impide medir las proporciones. La nueva producción cinematográfica tiene como tema principal la vida del piloto de la CIA y narcotraficante Adler Berriman Seal, más conocido como Barry Seal quien trabajó para Pablo Emilio “El Patrón” Escobar Gaviria.

Mientras las organizaciones sociales se rasgan las vestiduras luchando contra el estigma que padece Medellín desde hace 30 años por ser señalada como una de las ciudades del país con las mejores putas, sicarios y narcos, todos salimos felices a tomarnos la foto con el actor. Entonces, por qué nos quejamos si tenemos la certeza que nuevamente en otro film quedaremos como un país tercermundista y mediocre…

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.