sábado, febrero 24, 2024

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ASÍ GENERE URTICARIA

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Al pasar por la Avenida del Río en dirección sur norte, a la altura de la Plaza Minorista, exactamente en los bajos del puente que comunica el intercambio vial de carabineros con la glorieta de la minorista residía un habitante de calle. Esto no es novedad, los bajos de los puentes se han convertido en lugares de habitación por excelencia de estos personajes.

Sin embargo, el descrito inicialmente tenía una particularidad, desde allí salía el reflejo relampagueante de un televisor y frente a él estratégicamente situado un sofá, trono del dueño y de sus invitados de honor.

Los pasantes unos se admiraban y otros se escandalizaban, sobre todo los días en que jugaba la Selección Colombia, cuando muchos de los habitantes de calle de Medellín se reunían para animarla desde lejos. Fue el principio.

Luego con la medida populista anunciada por Santos y difundida ampliamente por los medios de comunicación, con la que se pretendía acabar las “ollas”, los desplazados de esos sitios de venta y consumo de drogas fueron ubicándose en aquel espacio en que antes estuviera la suite del televisor.

Lo que ahora pasa se veía venir, pero nadie hizo nada. La primera voz de alerta se dio hace más de un año, como es arriesgado para las finanzas de los grupos económicos dueños de los medios masivos de comunicación hablar mal de la Medellín innovadora uno de los grandes pautantes, no se hizo escándalo, sin embargo se rumoraba a voces de una joven mujer que transitando en una noche de domingo en su moto por la avenida del río a la altura de la minorista, fue tumbada a punta de piedra, ultrajada, violada y empalada, llegó con vida al hospital Pablo Tobón Uribe. Al lunes murió.

El fenómeno de los habitantes de calle en Medellín se convirtió en un problema de orden público del que todos somos responsables, unos por indiferentes, otros por alcahuetes, unos por humanistas y otros por fascistas. Sin embargo, esto no justifica la incapacidad de los administradores de la ciudad para crear soluciones reales que mitiguen el fenómeno.

Las políticas de manejo de los habitantes de calle en la ciudad han oscilado entre el asistencialismo (si se quiere estético) y el control sancionatorio y penitenciario que no aporta ningún tipo de solución real.

Las nuevas tendencias de la lucha contra el narcotráfico, una de las principales causas del fenómeno determinan tratar al consumidor (la gran mayoría de los habitantes de calle lo son), como enfermos y no como delincuentes, de hecho este nuevo postulado es una de las bases que justificaron la legalización de la producción y el consumo de la marihuana en Uruguay durante la presidencia de “Pepe” Mujica. Esta nueva tendencia no es tenida en cuenta en las políticas de trabajo social en la ciudad.

Hoy el problema, porque eso es, así la palabra genere urticaria a muchos, se ha salido de cauce, existen zonas vetadas para el tránsito, especialmente de motocicletas, en pleno centro de Medellín por la presencia masiva de “indigentes”, que fortalecidos por encontrarse en grandes grupos, y en sus territorios, atacan a los transeúntes que osen trasgredir los límites geográficos trazados por ellos mismos. Pero peor que esto es que los pobladores de lo que fue la tacita de plata (porque hoy somos un basurero gracias al incipiente trabajo de las reformadas Empresas Varias de Medellín), están convirtiendo a los habitantes de calle en causa de sus miedos y flanco de sus odios.

Y las autoridades no atinan a más que llevar la fuerza pública y seguir acorralándolos en sectores diferentes cada día, pero eso sí, manteniéndolos en grupos grandes, donde se convierten en una bomba de tiempo.

Las políticas de acogida y rehabilitación igualmente han sido un total fracaso, se han convertido en el comedero y dormidero de muchos de ellos a los que no se les pasa por la cabeza en ningún momento hacer parte de un verdadero proceso de reinserción social.

Frente a esa problemática que veló la verdadera incapacidad de los últimos alcaldes de Medellín en cuanto a alternativas sociales, no aparece ninguna opción real en los candidatos para ocupar el cargo en el próximo cuatrienio, lo que significa, a ojo de buen cubero, que a diferencia de alternativas policivas, planteadas por los candidatos de la derecha, no hay una opción diferente.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.