sábado, febrero 24, 2024

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QUE TIRE LA PRIMERA PIEDRA

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Independientemente de la asistencia, masiva o no, a las marchas programadas por CD, en contra del gobierno de Juan Manuel Santos, lo que es completamente claro es que hay una gran inconformidad en la población colombiana con las medidas administrativas y políticas del actual presidente, demostrada no solamente en la asistencia a la manifestación, sino también en las encuestas que arrojan como resultado el índice más bajo de aceptación en sus seis años de ejercicio.

Aunque oportunista (¿habilidoso?), el Senador Uribe Vélez contó con la suerte “de la fea”, el paro armado decretado por la banda de paramilitares denominada “el clan Úsuga”, demostró otro punto que quizás no se había evidenciado claramente en la lista de desaciertos de Santos: la inseguridad reinante en el país que había estado disimulada por la tregua con las FARC.

Lista encabezada por el alto índice de inflación, el fenómeno climático del niño y con él la amenaza de apagón y el encarecimiento de la canasta familiar que incluso llevó a presumir de un cartel de precios liderado por las grandes superficies, la desaceleración de la industria, afectada por el encarecimiento del dólar y los ínfimos niveles de exportación; los ruidosos escándalos de corrupción en gran parte del país pero principalmente en la Guajira, departamento en el que mueren de hambre día a día niños de la comunidad indígena de la zona, el roto fiscal en el Estado y la amenaza de reforma tributaria “estructural”, el altísimo sobrecosto de la refinería de Cartagena, Reficar, la pérdida de soberanía sobre aguas territoriales y un proceso de paz que no se ha sabido vender, son el abrebocas de las letanías de los colombianos gritadas por Uribe y sus seguidores el pasado sábado.

Sí, es hora de demostrarle a los mandatarios la inconformidad de los ciudadanos frente a su actuar, pero también es necesario, que hagamos un ejercicio de anamnesis que nos serviría para diagnosticar el complejo estado de salud de un moribundo llamado Colombia.

Álvaro Uribe Vélez no tiene autoridad moral y menos ética para hacer juicios del actuar de su sucesor. Deberá recordar el Senador que en gran medida es artífice del primer periodo presidencial de Santos, pues le endosó su caudal electoral al encargarle cuidar sus tres “huevitos” y que los segundos cuatro años fueron gracias a la reforma del articulito adelantada por el mismo Uribe con artimañas non santas (que lo diga Yidis en un baño de la casa de Nari) que estableció la reelección presidencial inmediata.

También es necesario recordarle a los seguidores de Uribe que desde la desmovilización de los paramilitares, proceso lejano de una verdadera reinserción, adelantada durante su sui generis largo periodo de gobierno, estos grupos armados se han adueñado del 70% del negocio del narcotráfico y del 30% de la minería ilegal.

Interesante saber también cuál es la verdadera responsabilidad del gobierno Uribe en el descalabro de la refinería de Cartagena, pues fue en su estar en la casa de Nariño cuando se firmó el contrato que hoy la Contraloría General de La república denuncia como uno de los grandes actos de corrupción en el Estado. Aunque esto no debe extrañarle a Uribe, pues su Ministro de gobierno fue acusado de corrupción en el escándalo de Invercolsa, proceso que hace veinte años costó poco más de nueve mil millones de pesos y que aún está por definirse.

Pero no sólo Uribe es responsables del descalabro de país que se denuncia. Pastrana dejó sin gobierno por 8 años a Colombia, que apenas sobrevivió y Gaviria es el impulsor de la privatización del sector público nacional, con la implementación del neoliberalismo en el país.

En común los tres mencionados anteriormente (que no son los únicos) tuvieron en su gabinete al actual Presidente Juan Manuel Santos: Ministro de Comercio exterior del liberal, de Hacienda y Crédito Público del Godo y de Defensa Nacional del actual Senador. En resumen y en palabras de un buen cristiano practicante, “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.