sábado, abril 13, 2024

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OTRA EXCUSA

“No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta”
(Miguel Hernández)

farc2Después de 4 años de expectativas, dudas y comentarios malintencionados se promulga la firma del acuerdo definitivo entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC y se proclama desde las cero horas del lunes 29 de agosto del presente año, el cese definitivo de hostilidades. Anuncio esperado por todos.

Solamente en la cabeza de políticos que ven como su plataforma se desmorona con el acuerdo, cabe pensar que habrán cambios estructurales del sistema en Colombia. Son esos políticos, los que, buscando no desaparecer de escena, han generado dudas tan absurdas como que el “Castro-Chavismo” se apoderará de Colombia o que Santos, un oligarca por herencia, es un “comunista” disfrazado que entregó el país a la guerrilla.

No, la desmovilización de las FARC, lo único que logrará es sacar de combate cerca de 23.000 militantes de ese grupo (y con eso es más que suficiente), que dicho sea de paso, no todos se integrarán a la vida civil, pues muchos engrosarán las filas del ELN o de las bandas criminales.

Es eso lo que todos los nacionales deberíamos celebrar. Lograr que un grupo armado que ha estado por más de 5 décadas en el monte se desmovilice y haga su lucha (estemos de acuerdo o no con ella), en otros espacios menos sangrientos, de pronto más salvaje, es toda una victoria de la civilidad.

Ni una reforma agraria estructural, ni el cambio de sistema político ni económico, ni la reestructuración de las fuerza militares, fueron temas negociados, por el contrario, la desmovilización del grupo guerrillero fortalecerá la inversión extranjera y posibilitará desarrollar el campo.

La desaparición de la marca FARC permitirá que ricas zonas del país históricamente olvidadas sean tenidas en cuenta para la explotación, bien agrícola, bien minera, bien industrial.

No es la paz, no es la panacea salvadora, es un cambio obligatorio que por geopolítica debió darse hace mucho tiempo, pero que por conveniencia de poderosos grupos económicos y políticos del país se había retrasado, grupos estos que amparados en su influencia en los medios de comunicación son los que han puesto de nuevo a Colombia en una absurda polarización.

Hoy el reto para el país, en cabeza del gobernante que sea, será cómo lograr mantener a estos combatientes fuera de las líneas armadas, cómo lograr que el Estado colombiano haga presencia en las zonas dejadas por la guerrilla y cómo sacar provecho de la posible gobernabilidad que debería empezar a reinar en el país, pero el mayor reto para los gobernantes, Uribes o Santos, será inventar otra excusa para seguir manejando igual de mal a este país del sagrado corazón de Jesús.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.