lunes, junio 24, 2024

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LA HISTORIA HUYÓ

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En una esquina, un almacén de ropa que vende lo que no está de moda, hermoso homenaje a la historia de la ciudad, al frente una casa vacía, en el ángulo opuesto, los viejos, que ven como en el ocaso de sus vidas han sido abandonados al igual que el barrio en el que hoy habitan, sentados en sillas de plástico, en lo que otrora fuera el antejardín de una cálida casa, claman por el reducido tiempo que las enfermeras del asilo les pueden ofrecer.

Esa sensación de abandono, tristeza y soledad se apodera del caminante que recorre las calles del barrio Prado en la ciudad de Medellín. Los palacetes que alguna vez cobijaron lo más granado de la sociedad paisa, se han convertido en lúgubres asilos, en frías sedes Institucionales o en destruidos lugares de recogida de excombatientes o exhabitantes de calle.

La historia huyó. El afán desarrollista de Medellín olvidó descaradamente lo que fuimos y destruyó con hacha y machete, a la vieja usanza de la pujanza paisa, el patrimonio arquitectónico y urbanístico de la ciudad más innovadora del mundo.

Debates van y vienen, propuestas de oportunidad son hechas por los candidatos a los diferentes cargos de elección popular, pero la verdad, Medellín destruye lo que fuimos, para construir en la incertidumbre una ciudad sin historia.

Hoy el patrimonio arquitectónico de la ciudad se derrumba, a nadie parece importarle los orígenes de Medellín, de su arquitectura no propia, de sus calles nombradas como países, como ciudades o como eventos importantes del trasegar de nuestra nación.

No nos importa la historia, ni como raza, ni como pueblo, ni como Estado, el sistema educativo así lo demuestra, el irrespeto por su testimonio, materializado en construcciones o vetustos monumentos así lo demuestra, la capacidad de repetir los mismos errores, así lo demuestra.

En el papel, atestado de numerales de normas inservibles de carácter nacional y municipal, el Plan Especial de Protección Patrimonial, PEPP, estipula la protección y cuidado del “patrimonio inmueble” de la ciudad, dentro de los que caben treinta denominados bienes culturales del orden nacional (30), en su mayoría bienes individuales o con destinación religiosa, y el POT propone anexar a estos algunos bienes de carácter público como uno que otro parque. Pero no se aplica, algún día el PEPP sufrirá el mismo destino que sus protegidos.

En ese escenario, pareciera quedar más abandonado el patrimonio histórico de la que fuera llamada la tacita de plata, carente completamente de dolientes a no ser por algunos propietarios que además de su interés particular, se creería, los motiva un interés conservacionista.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.