viernes, abril 19, 2024

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“LA TIERRA DE LAS JULIAS”

Seis años en Guerra

Por: Héctor Hernán Gallego Rodríguez, “El Jardín Cerrado”, Guatapé.

Antes que la “Primavera árabe” bañara con sangre las tierras del Medio Oriente tuve la fortuna durante el mes de Octubre del 2010 viajar por el país que afronta una de las guerras más cruentas del siglo XXI: la milenaria Siria. En compañía de Mahmoud y Samir, el uno restaurador en la ciudad de Alepo y el otro trabajador de los ferrocarriles y conductor de taxi. En compañía de estos dos amigos árabes y mi esposa, recorrí Siria, su geografía, sus calles, su desierto, sus mercados, sus mezquitas, sus palacios. Supe de su belleza, su fasto, también vi su pobreza.

En calles y parques de Alepo, uno de los centros ininterrumpidamente habitados más antiguos del mundo, ondeaban las banderas a los acordes de las bandas de música; la sangre bullía en las venas, secretamente se llamaban a la guerra, En cercanías a la tumba de Saladino en Damasco, en el Palacio de Justicia, se contemplaba el futuro desde vacías cuencas. Y en la Gran Mezquita la cabeza de Juan Bautista guardaba silencio. Damascus ciudad a la que tras su encuentro con Dios llegó ciego Pablo de Tarso.

De regreso a Colombia, a principios de 2011 nos enteramos que la Primavera Árabe había eclosionado; se declaraba la guerra en las tierras de las Julias; linaje de Basiano, que con su belleza fascinaron a Alejandría y a Roma. Se declaraba la guerra en Palmira “La Joya del Desierto”, fundada por Salomón, baluarte de la reina Zobeida; se declaraba la guerra en el antiguo Templo del Sol en Emesa, hoy Homs, donde Heliogábalo, ofició de sacerdote adorando la llamada Piedra Negra de Emesa; anarquista coronado, futuro emperador romano.

Lo cierto es que Siria desde antiguo ha sido objeto de ultraje y despojo por parte de las grandes potencias: Egipto, Asiria, Persia, Grecia, Macedonia, Roma, Turquía, Alemania; últimamente sus despojos se los pelean, como en un encuentro de buitres, Rusia y los Estados Unidos. Las grandes potencias cuando se enfrentan suelen darse cita en territorios ajenos, lo más alejado de sus fronteras. No es de extrañar que las conversaciones de paz en torno al vilipendiado pueblo sirio oscilen entre los “teje -maneje” de estas dos potencias y “los enemigos de mis enemigos que son mis amigos”.

Siria es pobre, con la deuda externa más baja de los pueblos del Medio Oriente antes de iniciar la guerra, factor que no impedía a su primera dama pasar por ostentosa en los mercados de la moda de París y Lóndres.

El filósofo Francés Michel Onfray el pasado año de 2016, concluido el aniversario de los sucesos del 7 de enero de 2015 donde murieron los libertarios de la publicación satírica Charlie Hebdo, publicó: “Pensar el Islam”. Texto en el que nuestros parámetros sobre el arriba, el abajo; el bueno y el malo; el terrorismo y quienes lo financian; la guerra y una guerra de guerrillas se vienen al suelo. Filósofo, crítico de la dieta mediática que se nos suministra a diario registra en su texto expresiones como:

“Los regímenes islámicos del planeta sólo amenazan concretamente a Occidente desde que Occidente los amenaza. Y nosotros los amenazamos desde que esos regímenes con subsuelos interesantes para el consumismo Occidental o con territorios estratégicamente útiles para el control del planeta manifiestan su voluntad de ser soberanos en su casa”.

Se tilda de bárbaros, canallas y terroristas a quienes carecen de los medios y adelantos tecnológicos para llevar a cabo una guerra que no fue declarada por el pueblo musulmán y que cobra actualmente entre mujeres, niños, ancianos y población civil cuatro millones de musulmanes muertos. “Los combatientes de Estado Islámico hacen con sus herramientas primitivas lo que los estadunidenses han hecho a mucha mayor escala con su tecnología de punta”.

La destrucción de los budas de Bamiyán realizada por el califato y dada a conocer mundialmente por los medios es una nada comparada con la destrucción en Irak de lugares patrimonio universal decretados por la Unesco y realizados por la coalición estadounidense: Francia, Inglaterra, Bélgica, Israel, países que hoy sufren la contraofensiva de la “Umma” islámica. Destrucción de la que guardan silencio los medios.

No es contra el terrorismo que luchamos sino contra pequeños países indefensos fáciles de bombardear para ayudar al comercio de los vendedores de armas, que son los que hacen la leyes en los Estados Unidos, y por lo tanto en todo el planeta”.

Michel Onfray realiza una sana crítica al Islam como lo hace con las demás religiones del libro, el judaísmo y el cristianismo; mirada en la que prima el sentido espiritual sobre la letra. Acaso sea esta la forma de poder hacer algo por Siria, descubrir tras la cortina del escenario de títeres quienes en realidad jalan de los hilos. Onfray quien se define de izquierda social y socialista, una izquierda pacífica y pacifista avoca como solución para el Medio Oriente “una política pro árabe que no sea anti israelí”… Pero mientras tanto, hagamos algo por Siria.

Citas tomadas de: Onfray, Michel. “Pensar el Islam”. Barcelona, Ed. Paidós, 2016 126 p.
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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.