miércoles, abril 24, 2024

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EL SEÑOR DE LOS VOLÚMENES

La última vez que visité el Museo de Antioquia fue cuando estaba en la antigua sede al lado de la Iglesia de la Veracruz. Acepto que para mi gusto, bastante ingenuo, modesto e ignorante sobre la museología no generaba ni entusiasmo ni curiosidad.

La semana anterior despojado de toda clase de prevención me dije a mi mismo, «mi mismo ve al museo». Quería verificar el precio del ingreso, punto básico si se tiene en cuenta que en esta tierra de desentendidos que son la mayoría, disfruta más del fútbol, los caballos, las fiestas patronales y tablados populares.

Estuve un rato en la Plazoleta Botero tomándome fotos al punto que los vendedores ambulantes pensaron que era turista, aspecto bastante simpático en mi propia ciudad.

Me dirigí a la taquilla de la nueva sede en el viejo Palacio Municipal y con sorpresa verifiqué que los estratos socioeconómicos bajos ingresan gratis al igual que los estudiantes hasta universitarios. Los extranjeros pagan $18.000 (dieciocho mil pesos) y los nacionales $12.000 (doce mil pesos) muy barato como en muchos museos de otros países.

Antes de ingresar a las seis o siete salas de arte distribuidas en tres pisos, visité la tienda del museo que dirige María del Rosario Escobar quien fue Secretaria de Cultura de Medellín en la era del inigualable “estadista” Aníbal Gaviria.

¡Qué descreste!, un espacio confortable, bien tenido y aseado con una atención maravillosa por parte de sus empleados, ubica al Museo de Antioquia como otro de los mejores del mundo.

El descreste no sólo es el espacio, ¡Dios salve al Rey! Debemos perdonarle al pintor Fernando Botero su afición por los toros. Si no es por ese “señor de los volúmenes” el Museo de Antioquia no sería lo que es en la actualidad. Su donación incalculable económicamente hablando, está compuesta por obras de los mejores maestros de la plástica del mundo. Esas obras, incluidas “Los Botero” se pueden apreciar en el centro de Medellín. Ver fotos

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.