jueves, abril 18, 2024

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“HUIR DEL TRABAJO”

Desde la última vez que visité el Museo de Antioquia quedé gratamente sorprendido por su organización, curaduría de obras, atención y servicio al público local e internacional.

La idea en una ciudad de las características de Medellín que dejó su vocación industrial es que tanto la atención al cliente como la calidad de sus productos sean tan buenos que eviten afectar la reputación de cualquier empresa con o sin ánimo de lucro por un mal servicio.

Con la curiosidad que me causó el Museo de Antioquia regresé y encontré que habían montado una nueva sala de artistas nacionales que, sin exagerar, me impactó bastante. Cada uno con su ficha técnica y curaduría impecable me dispuse a leer detenidamente el contexto de la época de cada una de las obras…

La perla negra de ese bello collar fue al final. Es necesario que la dirección del Museo de Antioquia, reflexione sobre los tiempos que dura recorrer una sala, especialmente cuando hacen parte también una buena cantidad de diminutos textos que por obligatoriedad hay que leer para entender cada obra.

Ingresamos al Museo de Antioquia a las 4:30 de la tarde aproximadamente. Nos atendió una chica a la que sólo le faltaba el alma para tatuarse, que pague aquí, que la manilla allá. Rápidamente fuimos al tercero que estuvo perfecto para continuar con el segundo piso en el que había exposiciones nuevas.

En Ciudad de México es obligado visitar la Casa Azul de Frida en Coyoacán, el Museo de Dolores Olmedo en Xochimilco que expone las mejores obras de Diego Rivera, el Palacio de Bellas Artes, el de Rufino Tamayo, el de Arte Moderno, el Antropológico, el Castillo de Chapultepec y el Museo Municipal donde se encuentran obras de artistas mexicanos.

En DF existe una peculiar característica en los museos. Señoras a quienes se les ve por encima el alto grado de modestia, humildad y desconocimiento trabajan de “cuidanderas” en cada una de las salas de arte para garantizar la “chamba” que sostiene a sus familias, decisión gubernamental absolutamente loable…

En Museo de Antioquia parecer ser que tienen la misma línea completamente acertada. El reparo es que sin terminar el recorrido del segundo piso a las 5:50 de la tarde, una afrodescendiente de un metro con 80 centímetros de estatura nos dice: -por favor me colabora…

“Me colaboraaaaaaaaaa” retumbó en todo mi ser recordándome lo que cada mes me parafrasean en mi EPS sin tener en cuenta que hago parte del régimen contributivo.

La señora mal encarada con unos ojos penetrantes me ratificó que debía abandonar la sala de arte porque ya iban a cerrar. Obvio, caminé más despacio y terminé el recorrido sin mediar palabra, pero no fue posible ingresar a las salas del primer piso. ¿Para qué dejan ingresar público si no hay tiempo?…

Al salir de la sala a regañadientes, todas las señoras y algunas jóvenes sin ser las 6:00 de la tarde estaban listas para huir de su trabajo que por lo que se evidencia sólo es la “chamba” para el sostenimiento de sus familias.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.