“ENTRE NARCOS”


Una revista francesa estrenó una sección con el nombre de “Me casé con un monstruo”, con la historia de la viuda de “El Patrón” María Victoria Henao de Escobar.

El primer informe estuvo dedicado a la vida de la señora Henao a quien “Pablo” le compensaba las infidelidades con regalos ostentosos y obras de arte de artistas reconocidos como Dalí y Rodin.

Lo que se le debe aportar a la publicación francesa es revelar también los personajes “decentes” que de lejos se regodearon y divirtieron con los dineros de “El Patrón”.

Mientras la revista europea se refiere a las extravagancias del narcotráfico colombiano, políticos como Sergio Fajardo, hoy aspirante a la Presidencia de la República por firmas, continúa su lucha “filosofal” contra la corrupción ocultando su pasado.

Dos especiales, entre otros cuestionamientos, tiene el aspirante que no habla sobre su pasado, escudándose en su “impecabilidad política” para argumentar que es víctima de ataques y mentiras.

En la década de los 70, Don Raúl Fajardo Moreno, occiso padre de los “fajardos”, le vendió a puerta cerrada su casa familiar, ubicada por el sector del Club Campestre, en el barrio El Poblado a Pablo Escobar Gaviria a través de su entonces esposa María Victoria. El negocio fue a puerta cerrada, es decir, con el papel “cagao” de las papeleras del baño, incluidas las traperas sucias y los “tilangos” trapos de cocina…

Además, hace un par de años, su hermanito Andrés, otra perla negra, representante legal de la CONSTRUCTORA FAJARDO MORENO, según la Fiscalía General de la Nación, recibió varios millones de parte de Pedro Antonio Bermúdez Suaza, alias “El Arquitecto”.

La constructora de la familia, que ha estafado a más de un inversionista, aportó a la campaña de Fajardo a la Gobernación de Antioquia, $10’000.000 (diez millones de pesos), según Cuentas Claras, pero, suponemos, se hicieron los esfuerzos del caso para que estos temas no se revelen ante la opinión pública.


Ruben Benjumea

Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.