SIGUIENTE JUGADA

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Más de 180 líderes sociales asesinados en los últimos 18 meses en el país y las amenazas a las que se han visto sometidos muchos de los políticos que están participando en la actual contienda electoral, la mayoría de izquierda, muestran la realidad de un país enfermo, con la democracia, al contrario de lo narrado por las organizaciones gubernamentales internacionales que la dan como una de las más férreas del continente, más débiles e insulsas.

Indiscutiblemente en Colombia existen fuerzas que están dispuestas a mantener el orden social predominante, dispuestas a aniquilar movimientos políticos y sociales completos con tal de no renunciar a sus privilegios de clase dominante, amparados en un sistema político y electoral hecho a la medida de ellos que ve en la miseria y la falta de educación los sustratos con que se alimenta.

No es nuevo, desgraciadamente nos hemos visto envueltos en un histórico círculo vicioso que nos ha llevado de violencia en violencia, siempre protagonizado por los mismos y sus descendientes, unas veces vestidos de rojo, otras de azul, algunas con la mano en el corazón y otras con letras tan atemorizantes como las usadas por la Alemania nazi para identificar sus fuerzas del orden.

Justificar estos hechos desde cualquier tribuna: es que son miembros de las Fuerza Alternativa del Común, es que después de más de 50 años de estar causándole dolor a Colombia quieren ser recibidos con aplausos, es que se tomó fotos con Chaves, es que es apoyador de los paramilitares y un largo etcéteras de explicaciones, no hace más que hacerle el juego a los interesados en que las cosas continúen igual, al mismo tiempo ven ellos, los eternos, en esas justificaciones comunes y si se quiere, inocentes, un terreno perfecto para continuar asidos al poder.

En momentos electorales, cuando la situación está candente, cuando inclinarse por uno u otro color es ponerse en la línea de tiro del opositor, cuando la cantidad de insultos, denuncias y calumnias afloran en medios, de unos contra otros, los dueños del país, alejados seguramente del mismo, con bajo perfil, mueven sus fichas, de manera calculada para perpetuar el orden establecido por ellos en el que nosotros no somos más que peones de quinta.