martes, abril 23, 2024

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Alguien tiene que tener la culpa por la derrota de la Selección Colombia durante su primer partido mundialista que disputó contra Japón. La culpa la tiene Pékerman, que según, el doctor Peláez, se equivocó en la organización y en los cambios que hizo durante el juego.

La cosa estuvo tan rara que algunos pensamos que si los japoneses hubieran abierto más los ojos nos golean al punto que estuviéramos responsabilizando al castrochavismo por su influencia…

Lo cierto es que después de ese primer trago amargo del 2 por 1 en Rusia, por el momento la única alegría fue el domingo pasado, no porque haya ganado Duque, sino porque la primera satisfacción para los colombianos fue el triunfo de la selección mexicana con el gol de Hirving “El Chucky” Lozano que le metió a los alemanes.

El DT de la selección mexicana Juan Carlos Osorio, oriundo de Santa Rosa de Cabal en Risaralda, tuvo un descansito puesto que para la prensa “manita” siempre ha sido el “hazmerreir”, debido a que no comparte ni su técnica ni el estilo para manejar su selección nacional.

A las 5:30 de la tarde aproximadamente de ese 17 de junio otros 10 millones 400 mil colombianos estaban eufóricos por el triunfo de “El Pollo” de Uribe quien por unos 2 millones y algo le ganó la presidencia a Gustavo Petro que obtuvo 8 millones de votos.

El triunfo de Duque tiene nombre propio, guste o no: Álvaro Uribe, una máquina para hacer votos, un caudillo, un mesías que ha estado vigente la última década en el país político colombiano.

La expectativa para lo que va a ocurrir a partir del miércoles 8 de agosto, un día después de la posesión del nuevo presidente Iván Duque Márquez de 41 años de edad, es bastante.

Superado el miedo de los convencidos que el castrochavismo estaba entrando por la Guajira y los Llanos Orientales, la atención se volcó nuevamente a los temas fundamentales: la reactivación de la economía, el sistema de salud, la reforma pensional y el Acuerdo con las FARC firmado durante el gobierno saliente de Juan Manuel Santos entre otros.

El discurso del recién electo Iván Duque fue más que conciliador. Desde la sede de su campaña en Bogotá el nuevo presidente se comprometió a unir el país y acabar con la polarización que tanto daño hizo en campaña.

Entre su perorata del primer discurso, el presidente electo dijo: “Nuestra bandera será la lucha frontal contra la corrupción, la politiquería y el clientelismo. Acogemos las propuestas que han sido presentadas en el Congreso, en la Consulta Anticorrupción, porque es un deber de los colombianos, pero iremos mucho más allá porque aquí lo que queremos de una vez por todas es que Colombia, unida, lleve a la corrupción a una derrota total y contundente que se sienta en todo el territorio nacional”.

Sobre la propuesta de campaña para crear una sola alta corte, Duque enfatizó: “Nosotros no vamos a fracturar la justicia, ni vamos a llegar a desinstitucionalizar a Colombia, lo que vamos a hacer es fomentar el gran consenso que reclama el país para que la justicia sea cercana a todos los ciudadanos en cada rincón de Colombia”.

En lo referente a los recién desmovilizados de las FARC, Iván Duque sostuvo: “Hoy somos todos amigos de construir esa paz y debe ser una paz que, ante todo, preserve ese deseo de permitirle a la base guerrillera su desmovilización, su desarme y su reinserción efectiva, que permita que llegue la inversión pública a los lugares que han sido golpeados por la violencia, que permita que en el territorio colombiano se puedan adelantar proyectos productivos sostenibles (…)”.

El nuevo presidente de los colombianos prometió el oro y el moro, pero con seguridad, yéndonos bien, después de que pase la euforia y cuando se pongan nuevamente los pies en la tierra caeremos en cuenta que los próximos cuatro serán lo mismo de lo que se ha comido los últimos 16 años…

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.