martes, abril 23, 2024

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FELICIDAD A MIL PESOS

Cuando vaya a la Plaza Minorista, que por si no sabía se originó hace realmente poco, en el año de 1984, para dar solución al caos que generó el incendio de la antigua Plaza de Guayaquil, también conocida como “El Pedrero” por allá en la década del 50, no deje de probar los pandequesos santarosanos del parqueadero.

Por sólo $1.000 que no enriquecen ni empobrecen a nadie, como dicen los vendedores de servicio público, usted se comerá una rosca esponjosa calientita rellena de queso que realmente se le deshace en la boca sin tener que masticar, ese sabor entre salado y dulzón que penetra no sólo cada parte del gusto sino también que se amalgama con un delicioso olor de recuerdos de abrigo, montaña y abuela.

Se dice que el pandequeso es originario de Santa Rosa de Osos, municipio Antioqueño, que la fórmula original consistía en poner a fermentar el maíz tres días, secarlo y luego molerlo con queso de la finca y armar las roscas para hornearlas en leña, la receta ha cambiado, pero sigue siendo un exquisitez, tanto que hasta hoy locales y extranjeros tienen parada obligada en aquel estadero del alto de Santa Rosa cuando se viaja a la costa caribe, es un paraje memorial gastronómico que la mayoría de Colombianos tienen en su haber de parva y chocolate añorado.

En Medellín fueron de fama los del puente del pandequeso, negocio ubicado en los bajos del puente que unía a Envigado con Itagüí y que desapareció en aras del desarrollo al construir la Avenida Regional, dicho puente adquirió su nombre como punto de encuentro en el argot popular debido a esta delicia, convirtiéndose en un referente de deleite democrático pues le pegaban el viajecito desde las señoras de alto turmequé de todas partes de Medellín, Envigado, Itagüí y Sabaneta, hasta los albañiles del sector: ¡Ay de lo que puede hacer una rosca amasada!

Si a usted se le ha hecho agua la boca o si en su recuerdo brotan crónicas de viaje y de nostalgia de esa Medellín pérdida, recuerde que en medio de la vibración colorida de la Plaza Minorista, hay un lugar donde volver a probar cerquita sin cruzar las montañas esta delicia de amasijo de la parva Antioqueña y ser absolutamente feliz por sólo 1.000 pesitos!

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.