sábado, julio 13, 2024

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ENTRE BRUTALES Y SUTILES

Por: Carla Ospina

Tal vez deberíamos ir por ahí con un brazalete que nos identificara entre sincero brutal y mitómano sutil diagnosticado sin tratamiento. Eso nos evitaría bastantes conflictos.

Las mujeres se quejan de que los hombres no dicen lo que quieren, que no son claros con sus intenciones, hasta que les toca un sincero: no he decidido si vamos a ser amigos toda la vida o te voy a comer un ratico.

Vamos por el mundo entre “¿Netflix en mi casa?” y “te quiero chupar la cuca”. En mi caso si el personaje me gusta no me importa el nivel de sinceridad sino el tono, pero hay mujeres a las que la honestidad directa les parece guache, indecorosa. Supongo que aunque la actividad sexual al final sea lo mismo, el pre y la forma de pedir y calentar deberían depender de los brazaletes.

Alguna vez alguien me dijo que los hombres les mentían a las mujeres porque las querían, para no herirlas, así que habrá que entender ese “hagamos cocteles en mi casa” o “acompáñame subo por una gorra” como galantería mientras llega el que te dice “yo no te quiero pero me caes bien” y entonces por lo menos sabes con qué contar.

Las mujeres también hemos aprendido un poco de brutalidad: por el culo, dedo y lengua y ya. Aunque indagando creo que más que brutales somos inoportunas, a veces decidimos que alguien es sólo nuestro amigo cuando ya iba en camino, muy adentro en el camino, a ser otra cosa. Me confiaron que una nena en medio de un cunnilingus le dijo: gracias por los días compartidos. Yo no sé ustedes pero yo sentí un fresquito con la historia de esa mujer maldita que se tiene confianza.

Un mundo con mujeres en honestidad brutal sería bastante demoledor, a los hombres los hemos acostumbrado por nuestra educación como señoritas a mentiras piadosas y fingimientos aprendidos, tal vez deberíamos empezar a practicar: lo tienes chiquito, se te para blandito, los pezones no se muerden así, no me he venido y se puede culiar sin amor.

Verdades en la cara tienen sus beneficios: no tienes ni idea de chuparla, así que te voy a enseñar. Una escena tan “Carne Trémula” pero Dios bendiga a las mujeres que desinteresadamente van por ahí capacitando hombres para otras, para las próximas, para nosotras.

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