EL SEÑOR DE LA GUERRA

Ahora, cuando están completamente de moda los coaching, los personales y los empresariales, los expertos en desarrollo comunicacional y de producción, incluso los que creen tener la esencia de la felicidad, (Harvard, la prestigiosa universidad estadounidense, ofrece en varios de sus programas cursos de desarrollo humano para ser felices), se ha puesto de moda la estrategia de abandonar el “lugar de confort” como estrategia primera para alcanzar la satisfacción personal.

Sin embargo, y pese a lo enriquecedor que, según ellos, puede ser la estrategia, abandonar el sillón de placidez es bastante difícil, y, sobre todo, cuando ese sillón se ha construido durante toda la vida, o un largo periodo de ella, y nos genera tranquilidad.

Lo que pasa actualmente en nuestro país, precisamente parece ser generado por la resistencia de un gran número de ciudadanos de bien, a dejar su lugar de confort y buscar a toda costa, mantenerlo.

No se entiende como personajes de renombre nacional, todavía añoran las épocas de enfrentamientos militares, secuestros y masacres, con el único fin de mantener su discurso y sus estrategias políticas.

En días anteriores, Herbin Hoyos, reconocido periodista, que creó uno de los programas radiales con más repercusiones durante el conflicto armado, se ha ido lanza en ristre contra los acuerdos de la Habana, haciéndole precisamente el juego a aquellos que han hecho de la situación colombiana su estrategia de poder.

Como en la película “el señor de la guerra”, Hoyos, quien vivió y consiguió su reconocimiento a raíz del conflicto colombiano, quien conoció las atrocidades más inhumanas generadas de esa confrontación, hoy plantea estrategias con las que se busca desestabilizar lo conseguido con una negociación que por lo menos, mientras la respetaron, redujo al máximo el nivel de confrontación militar en el país.

No se entiende como quien fuera “las voces del secuestro”, quien acompañó durante años enteros a una gran parte de las víctimas de la guerra fratricida colombiana, de la parte más débil, además, hoy intente desestabilizar lo poco que se ha obtenido para que eso, de lo que él fue testigo, deje de suceder o se reduzca de manera significativa.

Abandonar el sitio de confort no es fácil, para nadie, pero buscar mantenerlo a costa de un país que ha sufrido por las condiciones que generan ese confort, debería ser un delito castigable con el destierro por lo menos.

Adolfo Ospina

Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.