sábado, abril 20, 2024

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PARADOJA ANECDÓTICA

“Si el Gobierno quiere asumir lo de los colombianos, les mando la factura. Pero gratis no puede ser”, fue la desafortunada respuesta que el presidente de la DIMAYOR, Jorge Enrique Vélez, les dio a los periodistas cuando preguntaban por la posibilidad de transmitir algún partido por televisión abierta, en momentos en que estaban promocionando el entrante canal Premium por el que se transmitiría toda la Liga Colombiana de Fútbol.

Hasta la entrada de Vélez a la presidencia del regente del fútbol colombiano, los partidos eran transmitidos por señal abierta y por un canal contenido en la plancha de los diferentes operadores de cable en el país. A partir de ese momento, y para el año 2020 en adelante, quien quisiera ver el fútbol nacional tendría que comprar un paquete Premium adicional.

Pero ni el exsuperintendente de Notariado y Registro del Presidente Santos, ni nadie, contábamos con la astucia del COVID 19, y a “Jorgito” le tocó tragarse su soberbia y despotismo y, pese a que insistentemente había reiterado que el fútbol es una empresa privada, le tocó escribir al gobierno nacional solicitando que este espectáculo fuera tenido en cuenta para las ayudas que se brindarán por la presente crisis.

Ni aire le entró a Vélez, todos los medios salieron a recordarle su prepotencia cuando hablaba de la millonaria recaudación que por derechos de la transmisión de los partidos ingresaría a las arcas del regente del fútbol colombiano.

Y es que si algo ha hecho la pandemia del coronavirus es recordarnos a los humanos lo frágiles que somos y la efímera ilusión que es el poder: Venezuela, (en cabeza de su Presidente Maduro) le ofreció ayuda a Colombia (en cabeza de su Presidente Duque) para dotación de unas máquinas de detección de la enfermedad, Estados Unidos hoy es el epicentro de la epidemia, pese a que el Presidente de ese país, quizás el más influyente del mundo, ha intentado negar su gravedad. Y así las demostraciones son infinitas.

Pero las lecciones trascienden de la dimensión de lo moral a una más tangible y terrenal, la económica.

Por un lado el coronavirus se ha encargado de regular el statu quo reinante, ha aterrizado a aquellos que ven en el capitalismo salvaje una oportunidad. Nada más alejado de eso, la empresa que sobreviva a esta “detención del tiempo”, así como los matrimonios que lo hagan, recomenzarán fortalecidas, pero con toda seguridad que serán pocas. «Volveremos a empezar”.

En segundo lugar la anécdota de Vélez serviría para ejemplificar cómo la empresa privada, micro, pequeña, mediana o grande, no pueden ser sin la existencia de un Estado robusto, capaz de enfrentar las contingencias más apremiantes de la sociedad en una época determinada y de actuar como regulador del mercado.

Es contradictorio que mientras el modelo económico regente en el momento se ha fortalecido a partir de la disminución del Estado a su forma más insipiente, sea éste quien cuando el modelo fracasa, lo haga sobreaguar.

La paradoja no dejará de ser anecdótica, pues la tozudez de los dirigentes del mundo y el gran poder de ciertas compañías, a las que el COVID 19 no les hará ni cosquillas, no permitirán un cambio real en el presente económico y político.

Eso es lo preocupante del asunto, la volatilidad de la experiencia. Superado el momento más agudo de la crisis algo tendrá que reventarse y sobre alguien tendrá que recaer la reconstrucción de la economía mundial, que no había previsto la aparición de un enemigo invisible pero poderosísimo.

Colombia, quien se precia de tener una situación fiscal estable ha visto disminuida su nota otorgada por la aseguradora de riesgos Fitch Ratings a BBB- con perspectiva negativa, lo que implica, sin saber nada de economía una situación fiscal que no atraviesa óptimos momentos. Dirán que ninguna en la actualidad.

Gran parte de la prudencia económica del país ha desaparecido, y creo que con justa causa, de alguna manera tendrá que salirse de la crisis, pero bien haya pasado, con las empresas tomando impulso para reiniciar y la reforma tributaria realizada el año anterior en que se les dieron muchos privilegios a los poderosos, todo el peso recaerá sobre la clase media y trabajadora, de hecho actualmente la economía no se ha hundido por la habilidad de algunos empresarios que han visto en la crisis la oportunidad y por los empleados que aún reciben su sueldo y logran ponerlo a circular.

Se escucharán expresiones repetitivas como “para reactivar la economía necesitamos alivios tributarios”, o “haremos exenciones de impuestos a aquellas empresas que creen empleos nuevos” y mientras tanto el salario de los empleados y trabajadores se verá castigado con un aumento en la tributación y un congelamiento o una insipiente actualización del poder adquisitivo a partir de un IPC, que o reventará los puntos porcentuales o se congelará dada la depresión económica.

Según los analistas que trazan las rutas a seguir por los diferentes países, los asalariados no generamos riqueza, que sí lo hace el empresario, pero igual la crisis nos ha enseñado que de nada sirve una economía que produce a gran escala si sus productos no son consumidos a escala similar, y ojalá tengan en cuenta que la globalización impulsó las finanzas de muchos países pero al tiempo la actual crisis es global y habrá poco mercado a quien venderle, lo que implica tener que fortalecer forzosamente el consumo local.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.