martes, mayo 21, 2024

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“PEOR PARA EL SOL”

A la par de la pandemia, de la epidemia generada por la aparición del coronavirus que ha despertado miedos, descubierto la savia real que alimenta el capitalismo (decir salvaje ya es redundante), que ha develado la real miseria humana que invade a una parte no mínima de la humanidad, a la que deberíamos desvirtuarle su significado, digo a la par de eso, otra crisis ha surgido con la alternativa para prevenir la primera: la cuarentena.

Con esta prevención-cura, determinada por gran parte de los gobiernos del mundo, acogida más a desgano y por temor al control por la gran mayoría y asumida por una mínima cantidad de la población con conciencia, también han aparecido una gran cantidad de peligros. “La cura resulta más mala que la enfermedad”.

Ya los siquiatras hablan de las enfermedades mentales que se vendrán por el encierro en la época de la poscuarentena, y los especialistas han planteado su temor a un aumento indiscriminado de enfermedades como la diabetes y la obesidad, resultantes de los desórdenes alimenticios que facilita el estar “protegiéndonos” en los lugares de residencia de cada quien.

Con todo esto, sumado a la pobreza, no solo física sino y más de espíritu de gran parte de la población mundial, un temor apresuró a aflorar, por fortuna: la violencia intrafamiliar. El maltrato del que son víctimas mujeres y niños (yo diría hombres en algunas condiciones), aumentaría.

Y dan fe todos los organismos de denuncia y protección de ese grupo poblacional de que una vez iniciada la cuarentena los índices de agresiones aumentaron, con un agravante adicional, sería más difícil hacer denuncias por la condición de tener al victimario al rincón de la cama. En otras palabras, los números se han incrementado, pero no reflejan la verdadera condición de este tipo de violencia que se vive en nuestro país.

Según la secretaría de la mujer de la ciudad, encargada de darle manejo a la situación, entre el 20 de marzo y el 19 de abril de 2020, se han realizado 483 atenciones, 33 más que en el mismo periodo del año anterior, pero la marcada diferencia se evidencia cuando miramos los casos exclusivos de agresiones físicas a las mujeres, el año anterior era de 259 casos mientras que en el 2020, en estos mismos 31 días se han atendido 319, es decir 60 reportes más de agresiones físicas denunciados.

Reiteraré que los estudiosos del tema han sido enfáticos en decir que la mayoría de casos no son reportados por las víctimas por la imposibilidad generada por tener a su agresor al costado y/o por el temor que este representa para la vida misma, y salidos de esto, cuando se conozca una aproximación a la verdad, las cifras serán aterradoras, de hecho ya lo son.

En lo corrido del periodo de aislamiento social obligatorio dos mujeres han sido asesinadas, ambas en barrios de la comuna nororiental, Luz Dary Murillo y Ana Mercedes Rivas Ramos, lo que demuestra una vez más el alto riesgo en que están las mujeres en este periodo de confinamiento. Los homicidios están en estudio para ser catalogados como feminicidios.

En la red social Twitter, permanentemente se ven mensajes de mujeres que preguntan por la existencia de casas de acogida en diferentes ciudades, para conocidas, amigas o ellas mismas. La realidad supera las aproximaciones y es simplemente escalofriante.

La violencia contra las mujeres no es nueva, ni exclusiva de algún sector social o de alguna ciudad, de hecho gracias al trabajo de organizaciones de protección y apoyo, el problema se ha conocido y convertido en parte de la agenda pública de gobiernos y medios de comunicación, pero es evidente que no es suficiente.

La situación actual y anterior demuestra la sistematicidad de una conducta muy común en nuestra cultura y la absoluta impunidad judicial y social frente a ella.

Hasta ahora como sociedad hemos fracasado rotundamente en la protección de un actor de ella, los gobiernos han mostrado su incapacidad o desinterés para crear alternativas que reduzcan estas cifras aterradoras y mientras tanto en el momento en que usted lee esta columna, una mujer seguramente estará siendo víctima de algún tipo de agresión.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.