UN MILLÓN DE MUERTOS

Por: Marco Antonio Mejía, periodista, escritor.

En el año de 1973 la letra de una canción: Un Millón de muertos sacudía nuestras inquietudes juveniles en aquella década rabiosa y de gran agitación social.

La cifra, un millón, señala la frontera que da paso a esa cantidad en cuya suma se pasa el límite de la sencillez numérica y se entra al paraje de lo demasiado. La canta -autora española Cecilia- signada fatalmente por una muerte absurdamente temprana- alude a ese inútil oficio de la guerra que cobra tanta vida y la cantidad es una simbología que denuncia lo exorbitante que es una o un millón de muertes.

Esta otra guerra de trincheras deshabilitadas y de indefensión absoluta -que nos ha emboscado en este año de la pandemia- ya ha costado más de un millón de muertes.

Alguien podrá comparar y en el juego de la estadística poner la totalidad de la población mundial -7.700 millones, frente a los cerca de 35 millones contagiados y los 23 millones que se han recuperado y ese millón de muertes podrá señalarse como insignificante, pero lo comparativo no alivia la tragedia y en torno a ese millón hay una, dos, tres… muchas personas en duelo por las pérdidas y toca reiterar: LA PANDEMIA NO HA TERMINADO y en consecuencia las cifras mañana, o en una semana, o en un mes y al fin de año seguirá definiendo esta realidad que aunque no queramos oír o ver o no queramos ver, seguirá afectándonos, especialmente porque quedó a manos de nuestra decisión, de nuestra conciencia de sí y conciencia del otro, actuar en solidaridad para protegernos o dejar que la irresponsabilidad social que ahora vemos desfogada en las calles, siga cobrando muchas vidas más.

Ya vuelven las imágenes de hoy en Madrid, la alerta en Londres, las nuevas precauciones en Alemania, el escalonamiento en la India y en el país con mayor número de contagios -Estados Unidos con sus 7 millones de casos y más de 200 mil muertes- los hechos de este fin de semana: el irónico jaque a su política y jaque a la vez a la geopolítica porque su Presidente, quien mantuvo una postura negacionista, está hoy en cuidados por la enfermedad y esto genera una alarma mundial que pone a desempolvar misiles.

Nuestro país Colombia se acerca sin contención al millón de contagios y aún con sus setecientos mil recuperados, estamos hoy en el quinto lugar en el mundo, el nuestro un país, que no tiene 50 millones de habitantes- y cuya posición por densidad demográfica es la 29 en la tabla poblacional- dejó atrás a México cuya capital pasa los 23 millones.

Colombia está en el no deseable podio de los cinco países con mayor número de contagios: Estados Unidos, India, Brasil y Rusia. Las cifras son y se me atraviesan para pellizcar esa actitud de indiferencia que en este último mes ha volcado a la gente a las calles sin que medie, en muchos, esa práctica que estamos descartando olímpicamente, la de los 3 cuidados esenciales: manos, tapabocas y distancia.

La Pandemia continúa, la vida también, mucho perdemos con la imposibilidad del saludo, del abrazo, del encuentro festivo, pero aquí se han perdido 26 mil sueños, 26 mil vidas que se apagaron que de algún modo se convierten en la dolorosa pesadilla para sus cercanos amigos, familiares y eso suma a la cifra de quienes han vivido esta tragedia y con ellos todo el personal de salud, al que tan fácil ponemos en el olvido y sin embargo siguen estando ahí en lucha desigual con ese inhóspito huésped que ha invadido nuestra tranquilidad y mientras se hospede y conviva con nosotros, creo, es nuestra tarea, evitar con nuestro compromiso individual y colectivo, solidario y especialmente humano que, ya alcanzado ese millón de muertos, su dimensión no continúe hasta llegar a un millón de muertos más.

Columnista Invitado

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