BUENA FUENTE…

BUENA FUENTE…

El 24 de abril de 1995 se anunció por los diarios del país la instalación de la autorizada por el “narco-presidente” Comisión Facilitadora de Paz de Antioquia en pleno gobierno seccional de Álvaro Uribe Vélez.

Del mencionado estamento, creado por el propósito de acercar a la comunidad con grupos en conflicto del norte de Urabá, guerrilla y “paras” que se daban bala a diestra y siniestra por el control de la zona, hacían parte asesores internacionales y representantes de la Iglesia Católica.

Del grupo de ínclitos ciudadanos también hacían parte Fajardo, la exdirectora de Comfama María Inés Restrepo y el asesinado monseñor Isaías Duarte Cancino, entre otros.

Entre esos otros estaba, además, Jaime Jaramillo Panesso, quien por esa época se desempañaba como asesor cultural de la Gobernación de Antioquia.

En las andadas de reportero, hace unos 25 años, Jaramillo Panesso fue mi fuente en temas de paz, especialmente sobre el tira y afloje entre los muchachos del EPL y los “paras” de quien sabe quién en Urabá.

Con Fajardo era imposible hablar, nunca ha dicho nada serio, y con María Inés Restrepo, menos, sólo le gustaban las cosas bonitas, las almendras y el higiénico blanco en los baños de la caja de compensación que mal dirigió por 20 años…

Con Jaime Jaramillo fue todo lo contrario, agradable, culto, conversador con humor negro. Por 10 años de manera continua fue una de las mejores fuentes de información.

Tertuliar con Jaramillo fue de expectativa mayor, hablar de mujeres y tango, de tristeza, desapego y migración con un buen “amarillo” fue lo mejor.

Entre Gardel y Julio Sosa, Edmundo Rivero y Rubén Juárez y entre Eladia Blázquez y Enrique Santos Discépolo, el creador de Cambalache, podían oscilar las conversaciones junto al llanto de un bandoneón para entender que la sociedad sigue despertando los sentimientos más bajos de la condición humana…

Hace 7 años, después de no hablar por mucho tiempo, nos tropezamos en el aeropuerto internacional de Panamá. Yo andaba de conexión hacia México y sentía que de una de las sillas vecinas alguien me observaba.

Miré hacia la rayita del horizonte y logré visualizar a Jaime Jaramillo en sala de espera, me levanté obviamente, fui a saludar…

  • Don Jaime, ¿cómo le va?, señora, jovencito, pronuncié…
  • Muy bien Rubén Darío, muchas gracias, respondió.
  • ¿De paseo, de descanso Don Jaime?, pregunté.
  • Sí señor, a descansar unos días, pero aquí en Panamá, un poco de calorcito me caería bien, contestó.

Como buen lengüisuelto que soy afirmé:

  • Súper bueno Don Jaime y qué se le da a usted con el nieto para arriba y para abajo, afirmé.
  • A eso sí, me dijo, pero éste no es mi nieto, es mi último hijo…

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