EL FUTURO DE “SOMOS EL FUTURO”

EL FUTURO DE “SOMOS EL FUTURO”

La iniciativa que busca la revocatoria del alcalde de Medellín es buena en sí misma porque la participación ciudadana en asuntos de política y gobierno siempre será encomiable dado que no existe ni puede existir tal cosa como “exceso de participación ciudadana” ni tampoco se puede calificar el voto de las personas inconformes como una manifestación de segunda categoría o “desgastante” como sugieren los amigos de la administración.

Se ha tratado de mostrar como una especie de gasto innecesario el voto ciudadano, como si lo importante en la democracia fuera el costo del medio y no el fin mismo, y también, se nos ha dicho, que lo malo de la revocatoria es la finalidad con la que concurren algunos de sus promotores, la cual califican como una especie de viudez de poder, como si existiera o pudiera existir un listado de finalidades legítimas para activar la participación ciudadana.

Tampoco han faltado las insólitas interpretaciones “jurídicas” según las cuales no se puede adelantar una campaña revocatoria antes de un año del ejercicio del mandato porque la Ley dice que uno de los requisitos para que proceda dicha revocatoria es haber transcurrido por lo menos un año desde la posesión del mandatario, como si los mandatarios tuvieran entonces un año completo para hacer lo que quieran y las inconformidades sólo pudieran valer a partir del segundo año.

Es apenas predecible que los amigos y socios de un alcalde que se encuentra bajo serios cuestionamientos acudan a la vieja estrategia de crear un villano al que hay que satanizar para evitar las discusiones de fondo, y es por eso que se dice tanto que las intenciones de los promotores de la revocatoria son las de los enemigos de la ciudad y malos perdedores.

Deberían recordar los usuarios de semejantes argumentaciones que no existen votos buenos o votos malos dependiendo de las intenciones de los votantes porque esa lógica dividir a la sociedad entre buenos y malos votantes concuerda con la de una aristocracia disfrazada de democracia.

Si la iniciativa de revocatoria de un mandato la adelantan los perdedores de las elecciones, el gobernante no debería preocuparse puesto que los perdedores fueron una minoría ya derrotada que no debería ser motivo de amenaza si las cosas se supone que van bien.

En cuanto al asunto del supuesto desgaste por la discusión pública o por la convocatoria al certamen, valdría la pena que dijeran por qué la deliberación en torno a una posible revocatoria es mala o desgastante, si precisamente la democracia se alimenta de la discusión pública, y si esta última se llegase a limitar a los temas que el gobernante o la mayoría de turno consideran que son los correctos, tendríamos una dictadura disfrazada de democracia. Sobra decir que el problema no puede ser el costo económico de la convocatoria porque con esa misma lógica nos habríamos también ahorrado la elección del alcalde.

En cuanto la supuesta ilegalidad de la iniciativa de revocatoria por haberse ambientado antes de un año es importante hacer dos precisiones:

La primera es que el transcurso de un año desde la posesión del mandatario es un requisito para la formalización de la iniciativa, pero no para la determinación del motivo ni para la promoción de dicho mecanismo.

Esto significa una obviedad y es que el alcalde puede perfectamente incumplir su programa de gobierno -que es uno de los dos motivos que habilitan la iniciativa- desde antes de cumplir el año de su mandato, como por ejemplo lo hizo Quintero casi desde el primer mes de posesionado cuando traicionó a la ciudadanía con la promesa de impulsar la meritocracia al interior de EPM, y ese incumplimiento puede perfectamente ser el motivo para la revocatoria, que debe tramitarse formalmente, ahí sí, al año de gobierno.

La segunda precisión importante es que no es necesario limitar la discusión a si se ha incumplido o no el programa de gobierno porque la segunda razón por la cual se puede formalizar una revocatoria de mandato es por insatisfacción general de la ciudadanía frente al gobierno, y una razón suficiente de insatisfacción general podría ser, por ejemplo, la de los estudiantes y los sectores de opinión liberal y progresista -muchos de ellos, electores de Quintero, arrepentidos- por las tozudas políticas autoritarias que condujeron al uso arbitrario de la fuerza pública al interior de universidades y barrios populares o por el hecho de que gobierna con parte de la más reconocida caterva de politiqueros profesionales después de haberse anunciado como independiente.

La discusión en torno a una revocatoria es saludable sea de quien sea la iniciativa, las objeciones por no estar dados los requisitos normativos son mediocres, y la pobreza en el nivel de discusión es un aporte dado desde la propia administración cuando su discurso de respuesta se reduce a la autoproclamación de “somos el futuro”, mientras la improvisación sigue siendo la constante que podría dejar a estos pintorescos “independientes” sin su lema de campaña…

Deja un comentario