AL BULTO

AL BULTO

La copiosa propaganda que se ha puesto a circular en Medellín a propósito de la denominada “matrícula cero” podría hacernos creer que se trata de una impecable e innovadora política social del alcalde, pero más allá de la notoria explotación publicitaria del tema -usado como medio de defensa frente al proceso de revocatoria del mandato de Quintero- existen buenas razones para examinar sus verdaderos alcances.

Lo primero que debe decirse es que la iniciativa de lo que hoy conocemos como “matrícula cero” provino de los estudiantes de algunas instituciones de educación superior de la ciudad que debieron -a riesgo de que les mandaran el ESMAD a su campus estudiantil- salir a protestar por las difíciles condiciones económicas que amenazaban deserción escolar para el segundo semestre de 2020.

La pandemia puso en jaque la continuidad de los estudiantes con menos recursos de la ciudad, y de allí surgieron decisiones gubernamentales que dieron alivio transitorio a esas necesidades:

Los gobiernos, nacional, departamental y municipal, decidieron subsidiar los costos de las matrículas de semestre en varias instituciones educativas y lo anunciaron a través de mensajes públicos discretos porque no tiene presentación explotar publicitariamente un auxilio humanitario en medio de una pandemia, a excepción de la alcaldía de Medellín, que convirtió el tema en su bandera política.

La Universidad de Antioquia tiene matricula cero desde hace varios años, desde hace casi dos décadas no cobra un peso a los estudiantes de estratos 1 y 2 en todas sus carreras.

Para los demás estratos, durante la pandemia, la Universidad de Antioquia anunció matrícula cero con recursos provenientes de la Nación y de varios municipios donde viven sus estudiantes, pero a quienes pertenecen a los estratos altos les puso la condición de tener necesidad económica.

El Politécnico Jaime Isaza Cadavid, la Universidad Digital de Antioquia y el Tecnológico de Antioquia también tienen matrícula cero apalancada con recursos de la Gobernación para cubrir estudiantes de municipios del departamento con excepción del Área Metropolitana cuyas matrículas debieron ser asumidas por las respectivas alcaldías que la conforman, municipios certificados con capacidad para tener instituciones de educación propias.

En cuanto a las instituciones de la Alcaldía de Medellín, se anunció la matrícula cero para todos los estudiantes del ITM, el Pascual Bravo y el Colegio Mayor de Antioquia, en la que podría calificarse como la más improvisada de todas las “matrículas cero” debido a que se limitó al simple pago matrículas, sin importar de quiénes.

Lo que debería advertirse a la hora de entregar subsidios para necesitados por pandemia, es la necesidad económica del beneficiario y no del centro educativo donde cursa sus estudios porque en este sentido los gobiernos nacional, departamental y municipal se quedan a medias pues encontraron la manera más simple de entregar ayudas y a través de las instituciones educativas públicas como si sólo en esas instituciones estudiaran pobres o necesitados.

No existe razón que justifique con suficiencia que un estudiante pobre de un centro educativo privado deba abandonar sus estudios mientras el gobierno paga estudios de los que están matriculados en centros públicos, pues se supone que lo que se busca salvar son a las personas necesitadas y no a determinadas instituciones.

El caso concreto de la Alcaldía de Medellín debería ser objeto de especial escrutinio pues lo que hizo fue pagar matrículas de estudiantes que estuvieran matriculados en sus tres instituciones, sin importar si efectivamente tenían esa necesidad económica o si vivían en la ciudad.

Los recursos públicos previstos para las personas necesitadas no se deben destinar a quienes no los necesitan y vale recordar que en las instituciones de educación superior públicas de la ciudad alrededor del 15% de los estudiantes pertenecen a estratos altos.

En cuanto al uso de recursos públicos de Medellín para el pago de matrículas a estudiantes que viven en otros municipios, basta decir que si la justificación de ayuda es la mitigación de las necesidades por pandemia, al alcalde no le corresponde destinar recursos de la ciudad para subsidiar habitantes de otras localidades y menos mientras estudiantes que sí viven en Medellín y estudian en otras instituciones se quedan sin matrícula cero por el simple hecho de que estas no pertenecen al Municipio.

La matrícula cero es un avance importante en un aspecto básico de justicia social y ahora que se ha vuelto un lema de campaña conviene que tenga una adecuada depuración para que ese gasto público tan sensible esté verdaderamente focalizado hacia sus verdaderos objetivos, pues el hecho de generar un buen impacto social no puede servir de excusa para la falta de planificación.

Llama la atención que instituciones con experiencia en el manejo de esta clase de subsidios como la Universidad de Antioquia, tengan claro que los recursos deben orientarse prioritariamente a los más necesitados y que los municipios donde viven sus estudiantes deben asumir responsabilidades con sus matrículas, al tiempo que el alcalde de Medellín, que pasó por la Universidad de Antioquia en épocas de matrícula cero, no haya tenido la precaución de asesorarse de los que saben antes de gastar “al bulto” por el afán de sacar vallas y videos.

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