DE OTRO GOBIERNO

DE OTRO GOBIERNO

A pesar de todo lo extraordinario que fue el recorrido hecho por el suroccidente del país el pasado enero, hubo algo que genera pesadumbre: la innumerable cantidad de migrantes que en busca de cambiar la vida que sufren en su país pretenden radicarse en Colombia o llegar al Ecuador.

La carretera Panamericana famosa por ser el centro de concentración de las comunidades indígenas de esa parte del país cuando requieren exigir un derecho, se convierte en la pasarela de sentimientos encontrados y realidades absurdas en un mundo que se dice civilizado.

Familias enteras, con perros incluidos, se someten a interminables caminatas enfrentando la inclemencia climática que significa pasar del cálido departamento del Valle del Cauca a los montañosos y fríos Cauca y Nariño, sufren la insolidaridad de los nacionales y el desinterés de las autoridades, además de los vejámenes a los que son sometidos por algunos colombianos.

Por eso la medida tomada por Duque, el incapaz, y materializada en el Estatuto Temporal de Protección al Migrante Venezolano, que es como de otro gobierno, es una medida de aplaudir y apoyar en la medida de las posibilidades de cada uno.

La medida que busca brindar algunas garantías a esta población y que ha sido también destacada en otras latitudes, no tendría por qué reñir con la política social de nuestro Estado, si éste hubiera mostrado coherencia en su cumplimento, sobre todo en los tiempos de postcuarentena y crisis económica en que nos encontramos.

Es por esto que muchas voces, aunque aplauden la medida, cuestionan lo humanitaria de ella y las verdaderas posibilidades de cumplirla en un país que según cifras oficiales supera el 17% en desempleo y deberá destinar más del 61% de su Producto Interno Bruto al pago de la deuda.

También surge la pregunta de la posibilidad real que tendrá un migrante venezolano de ser contratado de manera formal, por ejemplo, cuando los empresarios, algunos agobiados y asfixiados por la situación y otros oportunistas, ven en la irregularidad y necesidad de los migrantes una forma de ahorro.

Las realidades son confusas, pero lo que es claro es que tanto el país político colombiano como el venezolano usan la desgracia humana como caballito de batalla para atacarse recíprocamente.

ESTRIBILLO:

Es increíble la forma como la delincuencia extiende sus ramas y se apropia de los espacios, y al mismo tiempo como la institucionalidad permite eso: en la calle 73 entre carreras 52 y 51, sector Carabobo norte, costado sur del Jardín Botánico, ha empezado una “plaza de vicio”.

Primero la avanzada, un joven se sienta en las bancas usadas primero por deportistas y tertuliadores y comienza tímidamente a ofrecer su producto.

Quince días después la “plaza” está instalada, la infraestructura de seguridad y almacenaje lista. ¿Y la autoridad? bien gracias. Todos los frecuentadores del sector hemos visto el proceso, la policía no.

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