jueves, abril 11, 2024

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Y DE AQUELLO NADA…

Semáforos totalmente inservibles, calles deterioradas, cámaras de fotodetección de infractores destruidas; (ese 26 de mayo había sido agendado para la primera dosis de la vacuna contra el Covid 19, se cumplía el primer mes del levantamiento social en el país y se esperaban marchas masivas como se estaba haciendo costumbre para los miércoles, mi afán era ser inoculado con el antivirus y desplazarme a la movilización que se daría por toda la avenida El Poblado hasta el parque Obrero en el vecino municipio de Itagüí, pasando por el otro colindante Envigado.

Estaba convencido que mi ausencia se notaría -vanidad humana-. Así que, después de más de tres horas de espera y de cuestionamientos repetitivos, de encuentros venditos con viejos amigos, sin tinto, tomé un taxi para alcanzar la movilización que debería estar saliendo de Medellín.

  • Me llevás por los lados de la Aguacatala por favor, por donde podás, no sé cómo estarán las calles de congestionadas.
  • Con mucho gusto, yo creo que si nos vamos por los lados de Buenos Aires nos rinde el camino.

Habitualmente me gusta entablar conversación con los taxistas, son personajes que tienen una visión muy interesante de la ciudad, pero como gran parte de ellos son uribistas me he vuelto más cauto al momento de mover mi bocota.

  • Cómo está la cosa -pregunté deseoso de escuchar el caos vehicular que se debería estar generando por la marcha.
  • Por esos lados esta es la primera carrera que cojo, vamos a ver.

Lo sentí tranquilo, desprovisto de pasiones políticas y un tanto desprevenido frente al movimiento social que se estaba adelantando, me aventuré:

  • Me imagino que se ha deteriorado mucho el trabajo.
  • Cuando se dan esas manifestaciones el trabajo se para, no hay a quien transportar, todo el mundo se encierra, pero en general algo se hace. Y Ud. cree que se logre alguna cosa.

La inquisición del taxista revivió el cuestionamiento interno que me había hecho incluso dudar de seguir participando en el movimiento desde mi postura laboral.

  • Hombre –le dije con pose estúpidamente intelectual- la situación social es una realidad, estamos mal, es necesario generar un cambio estructural en nuestro sistema, la historia nos está haciendo el llamado.
  • Yo no creo –dijo con evidente honestidad- lo único bueno que han hecho es acabar con las cámaras de fotomultas, eso sí.

Preferí guardar silencio. Esa postura de los colombianos de justificar el delito de alguna manera, de cuestionar la norma cuando nos perjudica o cuando no estamos de acuerdo con ella, me ha parecido totalmente malsana.

  • En fin, esperemos a ver qué pasa. (Cerré).

Jóvenes con lesiones serias e irrecuperables, avivamiento de los grupos paramilitares en las ciudades, aumento de la brecha social, miedo colectivo, incertidumbre inexorable, comerciantes haciendo su agosto, especulando, el país económico parado, el país político haciendo agua, el gobierno del sepulturero (no hablo de Quintero, que también), demostrando su verdadero talante antipopular y violatorio de los derechos humanos… y en fin miles de condiciones pospandémicas aumentando la triste realidad de Colombia.

Eso fue y fue lo que quedó del fuerte movimiento social que se desató en Colombia con las causas más justas que sociedad alguna haya tenido para levantarse, pero a la postre nada. Como resultado de muertos, desaparecidos, mutilados, amenazas, visitas de cortes internacionales, expulsión de ciudadanos extranjeros y un largo etcétera, quedó muy poco, por no decir nada. Ya el taxista había hecho el resumen.

El movimiento, acéfalo como fue, se dejó manipular por los de siempre, de ambos costados ideológicos. Los que ostentan el poder y lo han hecho por más de 200 años lograron, con la ayuda invaluable de los medios masivos de comunicación, voltear la opinión pública en contra del movimiento, hacerlos ver como culpables de que la canasta de huevos hubiera aumentado su valor al doble, al mismo tiempo señalaron de responsables a los representantes del otro costado ideológico, acusándolos de ser culpables de los ojos sacados, de los cadáveres mutilados, en fin, en todo.

Lograron reducir la inconformidad a un sólo sector de la sociedad, es decir los otros vivimos muy bien en este maravilloso país, los únicos que no tienen condiciones dignas son los jóvenes y con esta verdad creada, aislaron a parte del movimiento social y la consecuencia directa, el debilitamiento del mismo. Habilidad adquirida por más de 200 años de ostentar el poder.

La otra esquina ideológica no puede salir ilesa de esta diatriba, de hecho, es más culpable que la misma derecha, canalizaron en la insatisfacción social y en la forma de expresarla sus utopías de un nuevo mayo del 68 en Colombia, pedían la renuncia de Duque, la inquisición para el triple Ex, la desaparición del Congreso de la República, un poder popular ostentando por asambleas barriales, generaron peticiones absurdas e irrealizables en la condición mundial actual.

Como siempre ha sucedido, y de lo que no hemos aprendido, la fogata no fue más que humo. El poder, cooptó a algunas cabezas visibles, a las que no pudo, simplemente las mutiló, sembró terror en los protestantes, realmente con poco. Generó miedos políticos y dispersó la atención de los problemas reales.

Volvimos a nuestra Colombia, la de ellos, la de las tristezas, la de la doble moral, la de la alegría de un gol o de una medalla, la perfecta para ellos la de la desesperanza para la gran mayoría.

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Adolfo Ospina
Licenciado en Educación Español y Literatura de U de A, apareció hace unos 4 años a este proyecto. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás, Ambientalista y defensor de los derechos de los animales, peor que Vallejo.