“MUERTO DEL SUSTO”…

“MUERTO DEL SUSTO”…

A Medellín llegó una cámara de seguridad con reconocimiento facial y alimentación eléctrica a través de enormes paneles solares que el alcalde llamó “Robocop”. La flamante cámara se puede transportar gracias a un pesado remolque y se instala a través de un mástil que se despliega por medio de una manivela que debe ser operada manualmente. En resumen, nada que nos recuerde al “heroico policía de acero”.

Esta clase de gastos que se tratan de justificar en el mejoramiento de la seguridad obedecen a la muy limitada lógica de la política criminal que en otros países han denominado “tolerancia cero” y consiste en la creencia de que pintando fachadas, arreglando ventanas rotas, mejorando la iluminación e instalando cámaras de vigilancia la delincuencia desaparece como dicen algunos que desapareció en Nueva York durante el gobierno de Rudolph Giuliani, que tanto quiso ser imitado en ese mismo aspecto por el exalcalde Federico Gutiérrez, imitado ahora por Quintero.

Mientras que los expertos en criminología y en política criminal de manera casi unánime han revaluado esa estrategia porque se ha demostrado que no previene delitos sino que en el más exitoso de los casos únicamente los desplaza, todavía nos siguen vendiendo humo del panóptico con la idea de que así nos podremos volver como Londres, país donde existen muchas cámaras y, para colmo, ahora presentan esa limitada herramienta como si fuera algo sacado de la ciencia ficción, capaz, inclusive, de predecir delitos.
Leyeron bien. No solamente se promovió ese artefacto como si fuera un verdadero e impresionante robot, sino que además se supone que puede predecir los delitos.

Esto último también ha sido la aspiración recurrente de la ciencia ficción -viajar al futuro- y de algunos estudiosos que, inspirados en las cacerías de brujas de los inquisidores medievales, han pretendido explicar la delincuencia con la hipótesis de que su origen es el mismo que el de los fenómenos de la naturaleza, creyendo que allí operan las leyes de la causalidad -o del demonio- y no a las contingentes decisiones humanas.

Con fundamento en que los delitos los cometen determinados sujetos que nacieron con ciertos rasgos morfológicos que se pueden usar como medio de identificación inclusive antes de que cometan los delitos es que los regímenes más autoritarios han colocado las etiquetas de “peligrosos” en el cuello de los grupos de ciudadanos que les resultan especialmente odiosos o despreciables.

Las tecnologías que con inteligencia artificial identifican comportamientos erráticos de personas en vitrinas de centros comerciales o características raciales y formas inusuales de caminar en los aeropuertos han sido implementadas hace muchos años sin que hasta ahora se haya logrado materializar ese sueño de viajar al futuro y evitar un delito.

Las filas y requisas especiales que con ayuda de esta clase de tecnología se han implementado en los aeropuertos para personas con pasaporte colombiano resultaron siendo completamente incapaces de reducir el narcotráfico y todo parece indicar que es a los colombianos a quienes ahora hay que venderles esa tecnología que solamente sirve para violentar las libertades básicas con las que precisamente se superó la época de la inquisición.

Esto fue lo que dijo el alcalde sobre la pretendida predicción del futuro de estos sobrevalorados aparatos. “Va aprendiendo. Si ya sabe y ya le dijimos cuál es la cara del ladrón, ya va a estar todo el tiempo buscándola. Cuando el ladrón le pasa cerquita, ya se hace la alerta para que se haga la captura un poquito más adelante”…

Lo que en adelante resultará más peligroso que los mismos ladrones, será el uso administrativo de los datos biométricos de ciudadanos objeto de seguimientos sin orden judicial y la categorización como herejes de quienes el régimen de turno pretende considerar peligrosos para hacer la “captura un poquito más adelante”. Hasta “Robocop” estaría muerto del susto…

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