sábado, febrero 28, 2026

EAFIT: ¿ENTRE LA ACADEMIA E IMPUNIDAD?

La reciente presencia de Sandra Ramírez, desmovilizada de las Farc en un foro en EAFIT encendió un debate sobre los límites de las instituciones educativas privadas. David Toledo, candidato a la Cámara, hizo fuertes críticas contra la rectora Claudia Restrepo, cuestionando si la libertad de cátedra justifica otorgar legitimidad a quienes han sido señalados por crímenes de lesa humanidad.

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toledo1El enfrentamiento alcanzó su punto máximo cuando Toledo confrontó directamente a Ramírez en el campus. Con términos como «guerrillera», «terrorista», «violadora» y «asesina», David Toledo cuestionó a la rectoría por permitir que una persona con tal prontuario ocupara un espacio en la universidad.

Para el joven político de extrema derecha, la presencia de la exintegrante de las Farc es una afrenta directa a la institución, afirmando tajantemente que una «asesina no puede estar en mi universidad».

La disputa trascendió del ámbito verbal al terreno legal. Tras ser denunciado por Ramírez ante la Fiscalía por sus calificativos, Toledo, quien aspira a la Cámara por Antioquia, reafirmó su postura, declarando que no se retractará así deba enfrentar la cárcel.

Según el candidato, ni la JEP ni ningún proceso de paz pueden borrar la verdad histórica de los actos cometidos por las Farc, acusando a la exguerrillera de intentar «reescribir la historia» afectando la honra de las víctimas.

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Ahora bien, otro asunto que hace parte del debate es el derecho de admisión, que en una institución de carácter privado como EAFIT debería ser una salvaguarda de los valores que promueve.

A diferencia de universidades públicas como la de Antioquia o la Nacional, donde el financiamiento estatal exige una apertura total a todas las corrientes políticas por ser bienes públicos, la universidad privada tiene la potestad, y para muchos, el deber, de filtrar quiénes acceden a sus estrados para evitar que se conviertan en plataformas de validación para victimarios.

¿Clasista? Sí, y mucho, ese es el mundo en el que nos hemos levantado. De buenas a primeras, por meras ganas, no puedo ir a almorzar donde los Gilinski o los Santo Domingo, no nos abren ni la puerta, es más nos tiran agua caliente.

O vamos a la casa de Petro, Andrés Julián o Federico a ver qué pasa, así las viandas de su mesa sean pagadas con los impuestos de todos, sus escoltas nos sacan a sombrerazos…

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Este cuestionamiento, el derecho de admisión, resuena profundamente en los padres de familia, quienes realizan un enorme esfuerzo económico pagando altas matrículas con la expectativa de que sus hijos reciban una educación de excelencia, alejada de cualquier asomo de adoctrinamiento político.

En un país fracturado, la presencia de figuras vinculadas a crímenes de lesa humanidad en las aulas se percibe, no como un ejercicio pluralista, sino como una imposición ideológica que vulnera la neutralidad por la que los acudientes están pagando.

La situación es especialmente sensible dada la actual polarización política que vive Colombia en plena campaña presidencial. El choque entre izquierda y derecha se ha trasladado a los campus, y para sectores como el de Toledo, la derecha extrema, permitir estos foros es ceder terreno ante una «ideología destructiva».

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La academia, en este contexto, corre el riesgo de dejar de ser un centro de pensamiento crítico para transformarse en un escenario de confrontación partidista.

Por eso, en este escenario, la responsabilidad de la rectora Claudia Restrepo es ineludible. Como cabeza de la institución, su gestión debe equilibrar la apertura al diálogo con la sensibilidad social hacia las víctimas del conflicto.

Los críticos sostienen que su administración ha fallado al no prever que invitar a una figura tan “divisiva”, sin un contrapeso claro o un reconocimiento de responsabilidad previo, se interpretaría como un aval institucional a la trayectoria de la “desmovilizada”.

renuncue rectora

La respuesta de la comunidad no se hizo esperar, organizando un plantón bajo la consigna «EAFIT sí nos pertenece», donde se exige formalmente la renuncia de la rectora.

El movimiento ciudadano acusa a la actual rectoría de permitir el «adoctrinamiento de nuestros jóvenes», reflejando una pérdida de confianza de una parte de la base estudiantil y egresados con la administración universitaria que pone en evidencia que la gestión de Claudia Restrepo no puede ser ajena al sentimiento de su comunidad.

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Ante esta crisis, el Consejo Superior de EAFIT debe intervenir para reevaluar los protocolos para la invitación a figuras públicas con el fin de asegurar que la universidad no pierda su norte.

Es imperativo, además, que el máximo órgano de dirección establezca lineamientos claros que protejan el prestigio de la institución y garanticen que los espacios de debate no sean utilizados para lavar la imagen de quienes aún deben cuentas con la justicia y la sociedad.

Los estudiantes, por su parte, deben adoptar una postura de pensamiento crítico real, que no confunda la tolerancia con el desconocimiento y la amnesia histórica.

sandra ramirezEl rol del estudiantado no es ser un receptor pasivo de discursos, sino exigir que su universidad sea un espacio donde la verdad y la justicia no sean sacrificadas en el altar de un pluralismo mal entendido.

La formación académica debe ir de la mano con una brújula sensata y ciudadana que identifique que, si bien el diálogo es necesario, no todos los escenarios son aptos para quienes han marcado la historia del país con sangre y violencia como Sandra Ramírez.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.