A menos de un mes de haber asumido el nuevo gobierno de derecha liderado por Abelardo De La Espriella, Pacto Histórico se enfrenta a su hora más oscura sumida en un proceso de canibalismo político irreversible. Lejos de consolidar una resistencia unificada y constructiva frente al nuevo gobierno, las facciones progresistas han decidido resolver sus diferencias mediante la confrontación abierta, dejando al descubierto que la pérdida de la Casa de Nariño no trajo consigo la esperada madurez de oposición, sino la implosión acelerada de sus estructuras de liderazgo ante la llegada de la administración de derecha.
Lea: EPM IMPLEMENTARÁ RACIONAMIENTO DE AGUA POR SEQUÍA DE EL NIÑO
El progresismo colombiano asiste hoy al doloroso espectáculo de su propia fragmentación, acelerada de forma drástica tras el arribo formal de la derecha al palacio presidencial.
En lugar de procesar la derrota en las urnas con el rigor estratégico que exige la vigilancia del naciente mandato de Abelardo De La Espriella, la coalición parece haber optado por las recriminaciones internas y el canibalismo partidista.
Este preocupante escenario de pugnas internas, antes contenido por la necesidad de preservar el gobierno nacional, ha salido a la luz pública evidenciando que las heridas ideológicas y los personalismos dentro del Pacto Histórico son hoy prácticamente insalvables.
La expresión más tangible de este profundo reacomodo de fuerzas ocurrió el pasado sábado 29 de agosto, cuando se realizó una asamblea de los seguidores de la senadora Carolina Corcho en las estaciones del Hotel Nutibara, pleno centro de Medellín.
Esta convocatoria, lejos de ser un simple encuentro de base regional, funcionó como el detonante de una rebelión interna orientada a disputar el rumbo ideológico de la izquierda.
Los asistentes al vetusto en otrora glorioso hotel antioqueño manifestaron un evidente rechazo a las directrices parlamentarias nacionales, promoviendo una agenda de resistencia con el fin de restructurar las fuerzas desde el territorio nacional.
El punto central de esta confrontación es que Corcho no le copia, no le hace caso al senador Iván Cepeda, desconociendo de manera explícita su autoridad y los llamados a la moderación táctica que él representa.
La senadora, exministra de Salud y quien, además, carga el remoquete de “La Doctora Muerte”, ha decidido ignorar la disciplina de bloque dictada por las cabezas más visibles del partido en el Congreso, desatando una severa crisis de gobernabilidad partidista.
Este distanciamiento demuestra que la cohesión interna no es más que una ilusión y que los sectores de la militancia están dispuestos a saltarse las jerarquías tradicionales.
Este agudo choque de facciones de Carolina Corcho contra Iván Cepeda y “las estructuras históricas” tiene que ver en que hay una fractura abierta entre el sector liderado por Corcho y el de Cepeda.
Lo que inicialmente se percibía como una simple discrepancia de criterios ha mutado en un cisma irreconciliable sobre quién debe liderar la oposición.
Esta división expone a una izquierda sumamente debilitada e incapaz de plantear una contrapropuesta sólida frente a los primeros decretos y políticas emitidas por el gobierno de Abelardo De La Espriella.
Desde el equipo de Corcho se rechaza el control de esas estructuras históricas del Pacto como la cúpula del Partido Comunista y sectores provenientes del Polo Democrático, a quienes tildan de “antipolíticos” a quienes responsabilizan también de la debacle electoral que llevó a perder el poder frente a De La Espriella.
La base de apoyo de la exministra acusa a los dirigentes históricos de haber burocratizado el movimiento y de haber asfixiado la participación democrática directa de las bases.
Para ellos, la complacencia y las malas decisiones estratégicas de esta vieja guardia allanaron el camino para el triunfo de la derecha conservadora.
La desobediencia interna y diferencias de relato que resquebrajan la coalición tiene que ver también en que existen desacuerdos ideológicos de fondo, como la negativa de una facción de respaldar la narrativa sin pruebas de fraude electoral expuesta por Petro tras los comicios presidenciales.
Un sector sustancial de la bancada consideró políticamente inviable y éticamente cuestionable sostener la tesis conspirativa de un complot en las urnas sin aportar evidencias contundentes. Este disenso debilitó de inmediato el discurso de resistencia unificada frente al nuevo gobierno.
Ahora puedes seguirnos en nuestro WhatsApp Channel
Asimismo, se presentan graves problemas de disciplina interna que han minado de raíz cualquier asomo de respeto a la jerarquía de la colectividad como, por ejemplo, cuando Carolina Corcho desobedeció la instrucción de silencio dada por Iván Cepeda tras la polémica votación en la Comisión de Acusaciones que beneficiaba a Álvaro Uribe.
Mientras que el senador Cepeda ordenó cautela y hermetismo absoluto para mitigar el costo político que la votación acarreaba para la izquierda, Corcho consideró que el silencio institucional representaba una afrenta inaceptable para los principios éticos que originaron la coalición.
Por tal motivo, la senadora exigió explicaciones públicas en consonancia con las bases de la militancia, lo que provocó que el sector de Cepeda arremetiera en bloque, en “gavilla” contra ella mediante descalificaciones y ataques coordinados en la escena política nacional.
El ensañamiento contra la exministra dejó en evidencia que las estructuras tradicionales del Pacto no toleran el disenso y prefieren la asfixia de las voces disconformes antes que abrir espacios genuinos para la deliberación democrática interna que demandan sus propios simpatizantes.
Ahora puedes seguirnos en nuestro WhatsApp Channel
“BOBOLIVAR”
Por su parte, Gustavo Bolívar defiende la trayectoria de Petro y Cepeda ante los cuestionamientos, calificando de desleales a quienes intentan dividir el movimiento por intereses personales y ambiciones presidenciales sumamente prematuras.
Bolívar ha lamentado la ingratitud de aquellos líderes que alcanzaron notoriedad bajo el amparo de la figura presidencial y que hoy debilitan al progresismo.
El conflicto se intensificó notablemente tras la reciente elección de los magistrados para el Consejo Nacional Electoral, evento que expuso las tensiones entre las distintas facciones progresistas por la aparente imposición de decisiones de forma centralizada.
Los autores y observadores políticos advierten que esta preocupante crisis de liderazgo y falta de unidad amenazan seriamente la viabilidad del partido para las futuras elecciones regionales de 2027.
Sin reglas de juego transparentes ni un aparato institucional sólido, acudir fragmentados a las urnas locales consolidará una derrota sin precedentes frente al nuevo régimen nacional.
Pacto Histórico se encuentra ante la disyuntiva de acordar una tregua organizada o continuar devorándose a sí mismo mientras el gobierno de Abelardo De La Espriella afianza pacientemente su hegemonía conservadora.


