La contundente elección de Melissa Orrego a la Cámara por Antioquia no sólo confirmó su ascenso político dentro del Centro Democrático, sino que dejó al descubierto un revolcón electoral en Bello, donde la dirigente arrasó en las urnas y recuperó la fuerza que hace cuatro años había convertido a Yulieth Sánchez en una de las principales figuras de la localidad. El resultado, marcado por el peso de las alianzas locales, la maquinaria y el desgaste de liderazgos que no supieron cuidar su base, terminó reconfigurando el mapa político del norte del Valle de Aburrá.
La elección de Melissa Orrego a la Cámara por Antioquia no sólo confirmó el buen momento del Centro Democrático en el Departamento, sino que dejó una señal política mucho más concreta en Bello.
La localidad bellanita, recuperó nueva jefatura electoral y desplomó el respaldo a Yulieth Sánchez, quien hace cuatro años había sido una de las cartas más fuertes del uribismo.
Orrego alcanzó una curul en la Cámara de Representantes con una votación cercana a los 64.000 sufragios en Antioquia, resultado que la ubicó entre las candidatas más fuertes del Departamento y la mujer más votada de la nueva bancada antioqueña.
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En contraste, Yulieth Sánchez terminó con poco más de 13.600 votos, diferencia que demuestra una caída descomunal como para quedar de muerte lenta en el escenario político.
En Bello, norte del Valle de Aburrá, el triunfo de Melissa Orrego fue apoteósico. Con cerca del 100% de las mesas informadas la ubicaron con unos 27.000 votos en esa localidad, mientras Sánchez apenas superó los 3.200 votos.
La diferencia no fue un simple revés, lo que se presentó fue una pela electoral en la que se evidenció dónde aterrizó la estructura y máquina política bellanita en las pasadas elecciones legislativas del 8 de marzo.
Buena parte de esa victoria se explica por la operación política que se movió detrás de su campaña.
Orrego llegó a la contienda con una trayectoria conocida en Bello, pasó por cargos en la Alcaldía y tuvo visibilidad en asuntos sociales y de comunicaciones, además que su aspiración fue leída como una candidatura apoyada por liderazgos con peso propio en el municipio, entre ellos los del exalcalde Óscar Andrés Pérez y exgestora Diana Marcela Uribe. Esa máquina con base territorial, le dio gasolina suficiente para que Orrego se quedara con el primer lugar en votaciones en la localidad.
La otra cara de la historia es la caída de Sánchez. En 2022 había logrado una votación en Antioquia, superior a los 50.000 votos y en Bello había superado los 17.000, pero esta vez la película fue otra.
En los corrillos políticos del municipio la lectura es casi exacta. La representante saliente Yulieth Sánchez “pateó la lonchera”, por no alzar a ver a quienes la ayudaron a elegir, hecho que generó bastante malestar no sólo entre los integrantes del poder local, sino también en los lideres y quienes manejan la plata y los votos, fundamentales para una elección de este tamaño.
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A eso se sumó la percepción política que más le hizo daño durante la campaña. En Bello es un secreto a grito herido que Sánchez “perdió el foco” y que terminó mirando más hacia otras alianzas y otros escenarios que hacia su electorado natural.
Dicho en palabras de cristiano, musulmán y judío, en Bello la vieron chiquita, porque los “pateó” como yegua briosa, por irse a los “brazos” del recién electo rionegrero senador, Esteban Quintero, al punto, que la esposa del congresista, casi la “levanta” cuando veía a Sánchez cargarle “el morral” a su marido.
También influyó el reacomodo interno del Centro Democrático en Antioquia.
El partido salió fortalecido en la elección, amplió su presencia en la Cámara y consolidó nuevos liderazgos regionales, lo que apretó la competencia al interior de la colectividad.
En ese escenario, Orrego supo capitalizar el voto territorial, mientras Sánchez quedó atrapada entre el desgaste de la curul y una estructura que no respondió con la misma disciplina de 2022.
El resultado final deja una conclusión. En Bello hubo relevo contundente. Melissa Orrego no sólo ganó, barrió, mientras Yulieth Sánchez, en cambio, pasó de ser en cuatro años una ficha fuerte a quedarse sola y sin cuartel.
En política, sobre todo en Antioquia, eso tiene una traducción muy paisa, el que no cuida la casa, se la voltean, y, esta vez, en las urnas, se la voltearon completica.


