La parálisis la infraestructura vial en Colombia representa un freno inadmisible para el desarrollo nacional. El testimonio del congresista Juan Espinal desde el corazón de Pacífico Uno pone bajo el reflector la urgencia de finalizar este corredor estratégico, una tarea inaplazable que demanda decisiones valientes del gobierno nacional.
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El debate en torno a la infraestructura vial colombiana cobró un nuevo impulso con el testimonio del senador Juan Espinal, quien, parado sobre las obras de Pacífico Uno, solicitó de manera urgente la intervención del gobierno nacional.
En su llamado al presidente y a la ministra de Transporte, el legislador expuso la necesidad de poner fin a la inactividad que afecta al suroeste antioqueño.
La solicitud del nuevo senador jericoano no es un reclamo aislado, sino como una advertencia oportuna sobre cómo la desidia estatal de Petro para proyectos de cuarta generación, 4G, puede marchitar victorias cuando el nuevo gobierno tiene la oportunidad de consolidar bajo su propio liderazgo.
A nivel de conectividad nacional, Pacífico Uno constituye el núcleo de la denominada “Ribera Andina”, un corredor estratégico diseñado para unir el puerto de Buenaventura con el futuro puerto de Urabá.
Detener o postergar este proyecto significa aislar económicamente a regiones tan ricas y diversas como Antioquia, el Eje Cafetero, el Valle del Cauca y el Chocó.
Bajo una perspectiva crítica, es evidente que la competitividad exportadora de Colombia en el escenario comercial global no se consolidará mientras sigamos fragmentados internamente por la falta de autopistas de altas especificaciones que faciliten el tránsito continuo de mercancías.
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Lo más preocupante de esta parálisis vial es que el corredor se encuentra al borde de su culminación, restando apenas obras milimétricas para habilitar todo su potencial.
Concretamente, sólo quedan pendientes por construir 3.2 kilómetros de vía que conectan a Primavera con Camilo C, finalizar los intercambios viales en el sector de Bolombolo y culminar la estructura del bitúnel.
Resulta irracional e ineficiente que obras tan específicas y focalizadas mantengan bloqueados los beneficios de los kilómetros de autopista que ya se encuentran totalmente terminados, desaprovechando una infraestructura que podría estar dinamizando inmediatamente la economía del país.
Para superar las limitaciones fiscales que el sector público suele argumentar para justificar los retrasos, la propuesta del senador plantea una fórmula financiera pragmática.
Extender de forma audaz los plazos de las concesiones viales por 10, 20 o hasta 30 años. El fortalecimiento de las alianzas público-privadas, sumado a un decidido impulso a las inversiones en el sector energético, se perfila como la única vía realista para garantizar el flujo de capitales sostenidos en el tiempo.
Desde una perspectiva de desarrollo, el Estado debe superar la visión de la empresa privada como un rival y acogerla como la aliada fundamental para concretar los grandes desafíos de infraestructura.
El éxito de esta transformación nacional y la reactivación económica del país están condicionados a dos garantías fundamentales, seguridad jurídica y seguridad física.
Sin la certeza de un marco normativo estable para los inversionistas y sin la protección efectiva de la vida y el orden en los territorios, será imposible movilizar los capitales necesarios para dinamizar el aparato productivo.
La finalización de Pacífico Uno es, en conclusión, el termómetro definitivo que medirá si el liderazgo nacional posee la voluntad de convertir los planes de conectividad en una realidad tangible para el progreso de toda Colombia.
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Presidente @ABDELAESPRIELLA Ministra @elsanoguerabaq terminar pacífico 1 es urgente: ampliar el tiempo de las concesiones es la alternativa. Todo el apoyo!!! pic.twitter.com/F7cb2xw08R
— Juan Espinal (@Juan_EspinalR) August 4, 2026


