¡FALTÓN!

Allegados, amigos y lobistas bastante cercanos al médico Mauricio Vélez Cadavid han manifestado que las versiones que cuestionan al galeno faltan a la verdad, y que por el contrario, las denuncias por sus malos manejos empresariales son una injusticia.

Vélez Cadavid fue denunciado penalmente por estafa agravada, administración desleal y utilización indebida de información privilegiada para conformar una presunta red privada prestadora de servicios que supuestamente se las ingenia para defraudar al Sistema Nacional en Salud.

Frente al escándalo por los cuestionamientos que afrontan en silencio varios representativos empresarios de Antioquia, que salieron más avispados que algunos costeños para negociar, todavía no se han preguntado sobre los socios defraudados en el negocio, que representó en su momento, la transformación de la Clínica Sagrado Corazón, ubicada en la calle 49 N°35-61 en el Barrio Buenos Aires de Medellín.

En la transformación de la Clínica Sagrado Corazón, CSC, se cuentan unos 54 socios, entre los que se encuentra una sociedad compuesta por especialistas en patología, médicos generales, cirujanos, endoscopistas, gineco-obstetras, internistas, otorrinos, urólogos, pediatras, dermatólogos, alergóloga, anestesiólogos y hasta herederos de socios fallecidos, entre otros, que poseían unas 7 mil 279 acciones que a precio del año 2011 costaban unos $6’000.000 (seis millones de pesos) cada una.

De acuerdo con el médico-anestesiólogo Jairo Alberto Pérez Duque, que para mi gusto habla sin pelos en la lengua y quien se refiere a las cosas por su nombre, la Clínica Sagrado Corazón, CSC, poseía una gerencia atenta y servicial, y una dirección administrativa y financiera con la camiseta puesta con el fin de encontrar una estrategia para una institución ubicada en el manejo del Plan Obligatorio de Salud, POS, en el malogrado y mal manejado sistema colombiano.

La Clínica Sagrado Corazón, según Pérez Duque, era reflejo de la paradoja del sistema: actualización y ampliación de servicios, o la extinción. Con ese peso encima se construyeron una nueva torre de habitaciones, la Unidad de Cuidados Intensivos, UCI, tanto para adultos como pediátrica, y el servicio de imagenología con TAC incorporado en asocio con una sociedad de radiólogos de la ciudad.

El médico-anestesiólogo, explicó que el peso financiero, las glosas, el desfase entre lo facturado y lo pagado, además de la complacencia, aún hoy, del Estado, permitiendo que las carteras de las instituciones en términos de recaudo se incrementaran en el tiempo al pasar por más de 6 meses entre la atención prestada y el recaudo monetario, llevaron, como en casi todas las instituciones, a la iliquidez y falta del “curioso” flujo de caja.

¿Cuál era la opción? Jairo Alberto Pérez Duque sostuvo que en el momento era una sola: recapitalizar a través de varios métodos, por ejemplo, con sector financiero, adelantar alianzas estratégicas con EPS, aporte de socios, u obtener inversiones de personas naturales externas a la Clínica.

Todas se estudiaron, dijo: “Muy duro el sector financiero por los pasivos e intereses sobre el valor invertido. Con las EPS al jugar con los eventos el gancho para ellos era disminuir el valor de los mismos. Los socios hasta el tope con su historia personal y ante tanta diferencia, la condición humana hace su aparición inflando egos y aflorando falsas importancias personales, además que las personas naturales externas resultaron ser salvajemente capitalistas apegados al máximo de rentabilidad con el mínimo de inversión”.

Ese oscuro panorama llevó a que este grupo de médicos asociados en la vieja Clínica Sagrado Corazón negociara con Mauricio Vélez Cadavid, quien haciendo uso extensivo del concepto sobre “rentabilidad” cerró el servicio de pediatría incluida la UCI pediátrica, además, que paralelamente clausuró el servicio de maternidad y aceptó la renuncia motivada de todo el servicio de anestesia, faltando a la palabra que había empeñado.

El médico-anestesiólogo Jairo Alberto Pérez Duque fue enfático en resaltar que en lo concerniente al servicio de anestesia: “me hago responsable por el error de interpretación que tuve con el Dr. Mauricio Vélez Cadavid, lo confundí con su padre el Dr. Alberto Vélez Gómez de quién me enorgullezco de haber conocido y tratado, supuse que la línea seguida por el hijo era reflejo del padre, pero nada más lejos de la -realidad real- esa de la que hablaba Martin Heidegger filósofo alemán de mediados del siglo XX”. Ver socios

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Ruben Benjumea

Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.