LA FUNCIÓN HA COMENZADO

LA FUNCIÓN HA COMENZADO

elecciones 1Ha llegado el momento de la función principal del circo de la democracia colombiana. La mayor muestra de coherencia se evidencia, al mejor estilo de los diálogos de paz los que ayer fueron enemigos hoy son inseparables cómplices, el espectro de colores nunca está más nutrido que en los tiempos de campaña electoral.

Seguridad, educación, control político, empleo, inclusión social, transparencia, cero corrupción, son conceptos que aparecen en el discurso vacío de los diferentes candidatos, en todos, ninguno logra aislarse de ellos, pero todos ignoran su verdadero significado o la forma de aplicarlos en el momento en que ocupen el cargo para el cual aspiraban.

Y los electores pretendemos ahora hacernos los engañados para justificar un voto, impresionados aplaudimos las propuestas de “cambio” que todos y cada uno de ellos presentan, boquiabiertos escuchamos admirados los debates en que lo único que brilla por la ausencia es la claridad ideológica.

Y ahora sí valemos, ahora somos un voto. Y el voto… la palabra mágica del momento, la razón del valor del ciudadano, la palabra que le da sentido al “pueblo”, ese intangible que justifica cualquier barbaridad que se cometa, legal o ilegal. El voto, ese abstracto que se puede transformar en una teja, un almuerzo, un mercado… El voto, la hoja de papel que significa la perpetuidad de la realidad colombiana, el palacio de Cnossos donde estamos encerrados los nacionales.

Dicen los detractores del abstencionismo que el no votar facilita las cosas al corrupto, al que compra su elección, al que roba, y me pregunto, ¿acaso votar se las dificulta?, ¿será por eso que en el ambiente electoral de Colombia, nuestro adolorido país, siempre hay un aroma a obligatoriedad del voto? ¿Será por eso que existen beneficios electorales: transporte gratis ese día, invitaciones y promesas, rebajas en los costos de matrículas o de la libreta militar?

No. Definitivamente no. Votar legitima a una enorme cantidad de corruptos que están en los cargos gubernamentales para mantener el actual orden de las cosas. Lo peor de todo estriba en que así queden electos nuestros preferidos, impolutos y respetuosos de la ley, el mismo sistema está construido para que las cosas sigan igual, y frente a eso la única opción que nos queda es abstenernos, deslegitimarlos desde el desconocimiento de su falsa representatividad. Decirles a ellos que no creemos más en su maquiavélico sistema democrático, que no creemos más en su sacrificio personal por la patria, ni en su búsqueda de seguridad, educación, control político, empleo, inclusión social, transparencia y cero corrupción.

Este 25 de octubre no salgamos a votar, demostrémosle a los politiqueros colombianos que hemos entendido el engaño de su perfecto sistema, que no es un asunto de Fajardos, Gavirias, López, Pastranas, Santos o Uribes, que es un asunto de dignidad, de hartura, de propender por un verdadero cambio que no depende de nombres o apellidos.