sábado, abril 13, 2024

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PUTAS SIN RESTRICCIÓN

Vivir de servicios como el turismo tiene un alto grado de complejidad. Está claro que el Manual de Urbanidad de Don Manuel Antonio Carreño escrito en el año de 1853 en Venezuela, sigue vigente y aplica en lo que se refiere al comportamiento personal y social.

Hace un par de días la comunidad del bello municipio de Guatapé en el oriente de Antioquia se vio alterada debido a las sugerencias por parte de la Administración Municipal, que pretende, de manera voluntaria, que los turistas de la localidad vistan de manera “decente”.

De acuerdo con la Dirección de Turismo, sin violar el derecho a la libre expresión, los hombres deben vestir siempre camiseta y las mujeres evitar caminar por las calles en vestido de baño o ligeras de ropa. La propuesta generó malestar, especialmente entre los habitantes jóvenes, que hicieron un plantón sin pantalones en cercanías del Palacio Municipal.

Volvemos a lo mismo. Los alcaldes de municipios que viven del turismo, por ejemplo, no pueden gobernar a punta de restricciones, y por el contrario, deben buscar estrategias suficientes para cualificar los visitantes, difícil, pero hay que hacerlo.

En Medellín, para no ir más lejos, todavía nos damos golpes de pecho porque tenemos una percepción en el resto del mundo de ser una fábrica de mujeres de tetas y culos de plástico, además de tener las mejores trabajadoras sexuales y excelente oferta del narcoturismo de Colombia. Señores a potencializar las fortalezas, no hay remedio, menos lloriqueo porque pretender que un turista llegue a Medellín a visitar el convento de la Madre Laura también queda muy jodido…

Brasil nos lleva ventaja. Cuando se realizó el Mundial de Fútbol en ese país, una de las grandes preocupaciones fue la proliferación de la prostitución.

Inmediatamente el gobierno, en vez de esconder la situación la asumió y la convirtió en una gran fortaleza. Sin temor ni ambages censó el mayor número de valientes trabajadoras sexuales que decidieron trabajar como putas sin restricción.

Repito, las censaron, les exigieron exámenes de enfermedades de trasmisión sexual, les garantizaron protección por parte de la fuerza pública, las carnetizaron, les dieron un sector para trabajar y les dieron datáfono para que pudieran cobrar los servicios en moneda local o extranjera. Eso sí, pagaron impuestos como cualquier trabajador decente.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.