martes, abril 23, 2024

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“DUENDE EN EL CIELO”

Jesús Cano regresó a Jardín después de recorrer el mundo. Bailó en los mejores escenarios: en el Madison Square Garden de Nueva York, el Teatro de La Scala de Milán, el Olympia Bruno Coquatrix de París, Bellas Artes de Ciudad de México y el Wiener Staatsoper de Viena, por mencionar algunos. Siempre al lado de Lola Flores y su compañía de bailadores de flamenco, además de “El Gran Antonio” con quien bailó por más de cinco años.

Sobre la vida de Jesús Cano en Colombia, Antioquia y Jardín no hay mucho que decir. Lo único es que a los 14 años de edad, la también difunta Primera Dama de la Televisión Colombiana, Doña Gloria Valencia de Castaño, le dio el pasaje en barco para que se fuera a España, a bailar.

En ocasiones Jesús Cano ya de regreso en su tierra natal, lleno de nostalgia porque el pasado fue mejor, recordaba su amistad con el periodista de televisión de blanco y negro Juan Harvey Caicedo. “Siempre me ayudó”, decía sentado en una silla del cuarto de casa que logró alquilar, que más bien parecía una galería de arte, repleto de fotografías en las que aparecía con los Reyes de España, cargando a Miguel Bosé, al lado de Salvador Dalí y en otras con Pablo Picasso.

Con mis amigos de música, tuve la fortuna de tocar varios pasodobles para que Jesús bailara. “El Duende” le decían, ese hombre menudito, flaco y bastante desgarbado, era otro en el escenario. Se le metía el diablo o el espíritu santo, no se…

Jesús Cano, con una personalidad bastante temperamental no soportó nunca el regreso a Colombia, menos a Antioquia, tierra goda y doble moralista, ni que decir de Jardín. El pueblo le quedó chiquito al artista del pasodoble y la música española.

A los 70 años de edad el baila’or murió en su casa del barrio Prado en Medellín debido a varias enfermedades como la diabetes y un cáncer de piel, después de 45 años de carrera profesional en las tablas. Jesús murió como los grandes, muy solo, viviendo en el pasado…

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.