MEDELLÍN SIN PERSONERO

Una reciente demanda en contra de la elección del Personero de Medellín nos hizo recordar que en Medellín había personero. La institución llegó a distinguirse por sobresalientes actuaciones en la defensa y promoción de los derechos humanos y por actuaciones que incomodaban al gobierno municipal precisamente porque su razón de ser es la de servir como defensoría ciudadana y como instancia de control frente a las actuaciones oficiales del poder local.

Desde hace ya varios años ha desaparecido ese enfoque necesario pues en vez de ver al personero municipal defendiendo los intereses de los ciudadanos ya se volvió parte del paisaje verlo ejerciendo como agencia validadora de la alcaldía, al estilo de las oficinas de defensoría del cliente que montan las propias empresas.

Hablemos del actual personero de Medellín, William Yefer Vivas, de quien no se necesita más tiempo en el cargo para concluir que va por este mal camino. Por un lado, su llegada al cargo estuvo razonablemente cuestionada, no por culpa suya porque nadie hasta ahora se ha atrevido a poner en entredicho su hoja de vida o su ética, sino por culpa del perverso proceso de selección que adelantaron el Concejo de Medellín y la Universidad Pontificia Bolivariana; y, por otro lado, su gestión en el cargo confirma que la Personería de Medellín se volvió una secretaría más de despacho del alcalde.

En cuanto al proceso de selección, se ha cuestionado que la prueba de conocimientos sólo la ganó él entre más de cien participantes, y que el segundo mayor puntaje estuvo muy por debajo del ganador. Ese cuestionamiento por sí sólo no es de gran envergadura porque en el mundo de lo posible, hasta eso es posible sin que haya nada corrompido de por medio, y en ese confortable cuadrilátero es fácil para los defensores de ese penoso concurso decir que los cuestionamientos obedecen a xenofobia y regionalismo porque el ganador es chocoano, o que la sabiduría abandonó o nunca estuvo en las mentes de los abogados locales porque ninguno pudo ganar, o que la crítica a ese proceso es de malos perdedores que piensan que “todo lo del pobre es robado”.

Pero si esa inusual situación se observa en contexto con los demás cuestionamientos que se han dado a conocer en más de un escenario judicial, irremediablemente hay que concluir que nada bueno puede salir de un proceso tan malo. Dichos cuestionamientos se resumen en:

  1. Que todos los participantes se quejaron de falta de tiempo razonable para contestar las preguntas de la prueba de conocimientos (dos horas para 90 preguntas).
  2. Que las preguntas estuvieron mal elaboradas porque predominaba la memoria en vez de las competencias académicas, y hasta hubo preguntas sin opción correcta de respuesta (dicho por los propios expertos investigadores en esos temas).
  3. Que la prueba de conocimientos jurídicos no fue elaborada por una Facultad de Derecho sino por una de Ciencias Políticas.
  4.  Que a ningún participante se le permitió el acceso al material evaluativo para obtener copia y poderlo cuestionar.
  5. Que se desconoce quién validó esa prueba y qué idoneidad profesional tenían los que la elaboraron y los que la validaron, y,
  6. Que el Concejo de Medellín a pesar de ser su obligación como entidad contratante, nunca realizó proceso alguno de verificación de la validación de esa prueba, entre muchos otros.

Lo anterior es más que suficiente para que semejante metida de patas por lo menos no se repita y para que abandonemos la ridícula tesis de que todo lo que sale de una buena universidad es bueno.

Volvamos a lo más importante: ¿hay personero en Medellín? No está en duda la importancia crucial de la entidad, y menos la labor de sus cientos de funcionarios que a diario materializan con toda lealtad los fines de la administración pública y por eso no estamos sensiblemente peor; sin embargo, todo esa capacidad institucional y tantos esfuerzos humanos se deben hacer trascender a través de una orientación capaz de cristalizar la verdadera razón de ser de una entidad de esas: el control.

¿Se ha visto al señor personero de Medellín realizando algún cuestionamiento relevante a la gestión del alcalde de Medellín? La respuesta es un evidente, y rotundo no. Y no puede tener como excusa la falta de oportunidades porque en Medellín sí que las hay incluso para que sobresalga la gestión de cualquier aprendiz de personero: uso desproporcionado de la fuerza pública en universidades públicas, militarización desproporcionada de barrios pobres, irrespeto a la libertad de prensa y abuso de autoridad durante el cubrimiento de las denuncias por abuso sexual, medidas desproporcionadas antiliberales en el manejo de la crisis sanitaria, despidos masivos abusivos de funcionarios en entidades descentralizadas durante la crisis, falta de planeación en decisiones caprichosas que se terminan reversando, contratación y nombramientos de personas con conflictos de intereses, entre muchas otras conocidas arbitrariedades que evidencian una infinita confianza del gobernante en sí mismo porque tiene la tranquilidad de no tener a nadie que le sirva de contrapeso.

Señor personero, ¡despierte! Para el adecuado desempeño del cargo no basta con que usted tenga muy buena memoria y muy buena rapidez para contestar cuestionarios, tenga el atrevimiento de ejercer control a través de una verdadera y decidida defensa de los derechos humanos de los medellinenses. Así como vamos, vamos tan mal, que ni cuenta de usted nos damos.

LUIS MAURICIO URQUIJO TEJADA

Abogado penalista, docente universitario y conferencista en temas relacionados con la criminología. Twitter: @luisurquijo – correo: mauricio@mauriciourquijo.com