MUNDO DE VERITAS

MUNDO DE VERITAS

Las redes sociales son un mundo completamente ficticio creado por el usuario. Son el universo ideal de cada quién, en el que se piensa, come, disfruta de manera homogénea y de acuerdo con las expectativas de quien habita ese espacio en particular. De ahí que gobernar se ha convertido, además de muchas otras cosas, en la capacidad de involucrar al ciberciudadano en ese mundo deseado por el gobierno de turno.

No es raro, por ejemplo, que se diga de manera permanente, e insistente que “pinturita” es un gobernante de Twitter, que le falta calle, que le falta untarse de la realidad de la ciudad que habita y que gobierna. Sin embargo, para él todo está bien pues en su mundo virtual sus seguidores, naturales o impostados, permanentemente aplauden su accionar.

Este nuevo ejercicio de la política, no único de Quintero, ni nuevo, ha hecho que aproximadamente el 70% de la población que carece de conectividad esté marginada del gobierno. Lo que significa, en otras palabras, que se gobierna para una enorme minoría, mucho mayor, si se tiene en cuenta que, en el mundo de las redes sociales, puedo bloquear a quien me critique y darle “me gusta” a quien me adule. “Seguiré a todo el que odie a Petro” es una etiqueta común en el cibermundo de los sepultureros.

Toda esta antesala que no pretende ser un análisis de las redes sociales ni mucho menos, para introducir una realidad que presencié la semana anterior, no en el mundo virtual, sino y lamentablemente en el mundo de veritas.

Parque de Bolívar, 12:30 del día, el CAI, está en la esquina de lo que fuera una de las joyas históricas de Medellín, punto de encuentro de muchos adictos, habitantes de calle, fanáticos religiosos y políticos, artesanos (en el San Alejo), músicos, “desparchados” y demás. Digo que estaba por ahí por motivos ajenos a mis deseos, cuando de un momento a otro la gritería y dos bandas de cuatro personas cada una se enfrentaban a machete, ¡a machete!, en el centro de Medellín. Quedé atónito.

Solo alcancé a oír cuando, terminada la disputa y mientras corrían los cuatro de la primera banda, uno de los contrincantes le decía a su compañero, “lo único que sé es que le boté la mano”, al tiempo que guardaban sus machetes. Segundos después corrían los de la banda dos detrás, acompañados de la policía que al lado iban en sus verdes motocicletas.

El Parque de Bolívar fue un espacio mágico, desde uno de sus costados, como vigilante, se erige la Catedral Basílica Metropolitana de la Inmaculada Concepción de María, una bella construcción de estilo neorrománico que vio florecer a la crema innata de la sociedad paisa y así mismo la vio irse al sur de la ciudad para no volver. Parque, como a todo el Centro de la ciudad, al que la administración anterior de Fico (el salido del closet), le invirtió un furgononón de plata que hoy se ha ido al tarro de la basura.

Después de tan desalentador evento, volví en mí y juninié (verbo conocido por los paisas de Medellín, para referirse al evento de caminar por la carrera Junín, otrora símbolo de la grandeza de esta urbe), solo la desesperanza y la miseria habitan hoy el centro de la ciudad, el descuido y la desidia son evidentes. Con razón los pequeños comerciantes han huido despavoridos dejando la sensación de abandono.

En el centro de Medellín hoy hay muy poco, y lo poco que queda se irá pronto. Y es que los gobiernos, habrá que salvar alguno, han olvidado que gobiernan en Madrid Cundinamarca, no en Madrid España. Han intentado implantar políticas impostadas olvidando los habitantes reales, no los de las redes sociales, sino los de carne y hueso, los que nos tenemos que subir a un bus, los que queremos tomarnos un trago o un café en algún cafetín del centro, o los que simplemente pasan por ahí.

Nuestros gobernantes han imaginado una ciudad para gobernar y no gobernar en la ciudad en la que están. No todos los habitantes de Medellín estamos en el sur, o queremos ir al sur, no, algunos todavía disfrutamos del centro, de caminar por la Av. La Playa, entrar al Astor o deleitarnos con la forma de aguja del edificio Coltejer.

Es muy triste ver como los gobernantes de turno en campaña llegan al éxtasis hablando de la importancia del centro, pero apenas entran al piso doce de la Alpujarra, éste se convierte en la comuna “la Candelaria” y ya.

El estirón del muerto

La notable senadora María Fernanda Cabal, integrante del glorioso partido sepulturero, acusó al embajador de los Estados Unidos de América en Colombia de violar la primera enmienda de la Constitución Política de ese país, al enviar un mensaje por Twitter en el que invita a los congresistas colombianos a no intervenir en las elecciones presidenciales del coloso del norte.

Gracias al desespero de ese partido para mantenerse vigente en la agenda pública, van a acabar con lo poco que queda de nuestra nación.

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