BLANCO ES…

BLANCO ES…

El muy llamativo ascenso de Rodolfo Hernández en las encuestas tiene una explicación muy simple: los candidatos punteros no satisfacen suficientemente las ambiciones electorales de buena parte del país.

Al candidato Hernández no se le relaciona con ninguna virtud electoral específica: no tiene un perfil político claro, no cuenta con una hoja de vida destacable y sus propuestas resultan siendo discursos retóricos contra el derroche y la corrupción, sin mayor fondo ni contenido.

Hernández tiene una impresionante posibilidad presidencial que no se debe a su talento como candidato, sino a la penosa falta de competidores, pues la burbuja de Petro se ha venido desinflando por cuenta de sus alianzas malolientes.

Por el otro lado, la ola “fiquista” se ha ido desvaneciendo tras su poca profundidad resumida en la frase “plata es plata”, que revela la ligereza del candidato frente a los temas de Estado.

Nunca la izquierda tuvo tan cerca la posibilidad de llegar a la presidencia en Colombia, y pese a ello sucumbió en la tragedia inexplicable del “todo vale” que en muy mala hora lideró Gustavo Petro.

A pesar de semejante “papayazo”, la derecha también se quedó corta porque decidió apostarle a una alternativa insustancial -Fico- que nadie ha definido mejor que el economista Salomón Kalmanovitz: “sin intelecto”.

El tal centro no le apostó a ningún discurso relevante y se quedó condenado a la intrascendencia que sigue representando Sergio Fajardo.

Ante semejante panorama tan desconsolador, el candidato Hernández se pinta como el consuelo de muchos, como si no hubiera más que hacer que votar por él para rechazar a los demás candidatos, nada más alejado de la realidad.

Petro tiene una larga fila de desencantados. Muchos apostaron -apostamos- a que su fórmula vicepresidencial, Francia Márquez, iba a ejercer un rol de contención frente a tanto corrupto que venía colándose en el Pacto Histórico, y algo de eso pasó cuando Márquez espantó a César Gaviria, pero el inaceptable silencio de la candidata frente a los muy oscuros apoyos del alcalde de Medellín para la campaña de Petro, le han convertido en cómplice de ese “todo vale” que pudrió todas las manzanas del Pacto Histórico y terminó desvirtuando la razón por la que muchos aspiraban -aspirábamos- a votar por esa fórmula.

Muchos votantes de la derecha no ven en el candidato Gutiérrez a un verdadero representante de sus ideas, pues lo único que caracteriza al segundo en las encuestas es una serie de frases sobre el miedo que se supone representa el otro candidato, sin nada de fondo, como sí lo tiene, por ejemplo, el candidato Enrique Gómez, que inexplicablemente quedó rezagado.

Fajardo tuvo chance de “remontar” pero no hizo nada que conquistara a los votantes no satisfechos enteramente en las dos opciones punteras. Su discurso fue siempre el mismo y no se casó con una apuesta clara de país, más allá de la retórica de “evitar los extremos”.

El voto en blanco es el mejor candidato para quienes no encontraron -encontramos- finalmente quién representara al mismo tiempo un buen modelo de país y un buen modelo de hacer política.

El voto en blanco es el verdadero voto de rechazo frente a las otras opciones del tarjetón, y justamente para eso es que fue inventado.

El voto en blanco es el único capaz de ganarle a todos, porque en caso de lograr mayorías obligaría a repetir las elecciones con otros candidatos.

El voto en blanco es el único que se aleja del “tragasapos” del voto útil, que consiste en votar por el menos malo para evitar que llegue el más malo.

El voto en blanco es el verdadero cambio, porque significa que no nos resignamos a lo tibio, a lo corrupto o a más de lo mismo. El voto en blanco ES…

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